16 octubre 2017

#ElCronista ¿Es Cambiemos una coalición?

Elections season. Compren bebidas varias y comida para calentar. Porque entre PASO y generales tenemos debates, infografías electorales y escenarios varios. Y como es elections season, volvemos a las bases.
Motivado por ese frenesí, acá se encontraron Doña Rosa y Leviatán para debatir en la fila del súper. Como el año pasado junto a la Gringa, algunas pinceladas sobre qué es Cambiemos. Qué no es. Y qué puede llegar a ser. Muchas gracias a @nbg__ en El Cronista por brindar el espacio para estos polémicos (?) párrafos. Acá pueden leer la original.
Porque de posts vive el blog. Y anticipa un paper. Y un libro. Próximamente.

¿Es Cambiemos una coalición?

Facundo Cruz
Politólogo
Magíster en Análisis, Derecho y Gestión Electoral (UNSAM)
Profesor e investigador (UBA-UTDT)
@facucruz

Si. Y de nuevo tipo.

El análisis político, la ciencia política y sus primos en la sociología suele tener estas preguntas. Suelen generar estos debates. Y suelen durar. La definición sobre qué es Cambiemos, que no es y qué puede llegar a ser ha resurgido en los últimos meses.

Porque, sorpresa: el resultado electoral de las PASO en agosto colocó a Cambiemos en el primer lugar en 10 provincias. Nadie lo esperaba de una coalición que se presentó como tal en 22 de los 24 distritos. Muchos volvimos a la primera pregunta. ¿Es partido? ¿Es coalición?

Encuentro tres razones concretas.

Cambiemos, sui generis. La definición clásica de la literatura afirma que una coalición es un acuerdo entre dos o más partidos políticos, que tienen objetivos comunes, tienen recursos políticos que ponen a disposición de esos acuerdos, persiguen metas acordadas y se reparten los beneficios logrados. Estos acuerdos se pueden ver en elecciones, en el gobierno, en el congreso, en la relación entre provincias y Estado Nacional, por mencionar algunos.

Las coaliciones tienen un terreno espinoso que es el de la convivencia. Como todo matrimonio. Y como tal, cada actor puede (y sugiero, debe) mantener su propia autonomía interna. Elegir sus autoridades, definir sus normas, seleccionar sus candidatos, etc.

Y al igual que una convivencia, se sostiene con reglas. Como cada cosa en esta era weberiana moderna, todo acuerdo funciona en base a lineamientos claros, aceptados y con cierto grado de formalización. Respetarlos contribuye a que perdure. Romperlos implica que puede resquebrajarse.

Acá es donde entra el nuevo tipo de coalición. Pensemos cómo se adoptan políticas públicas. Mientras que PRO concentra las decisiones, los UCR y CC-ARI suman como apoyo legislativo. La UCR, adicionalmente, aporta un importante control del territorio a nivel municipal y FE el apoyo sindical. En conjunto se realiza la evaluación de lo logrado y los ajustes necesarios.

Entonces, lo primero para precisar es que, tal como escribimos con Lara Goyburu en La Nación, no solo es una coalición sino que es de nuevo tipo. Sorpresa.

La confusión entre el centro y el todo. Segundo, que el centro de poder sea Mauricio Macri con sus coroneles no significa necesariamente que sean los únicos. No se puede pensar la construcción y consolidación de Cambiemos sin Ernesto Sanz. Es difícil imaginar al PRO funcionando en solitario con reuniones de gestión donde referentes radicales y lilitos participan semanalmente.

No hay Casa Rosada sin la llegada semanal de Elisa Carrió. Tampoco se puede olvidar la construcción en Provincia de Buenos Aires sin el apoyo peronista del Partido FE. Cada actor tiene su función. Y contribuye a conformar el todo.

Macri es el centro. Pero no es todo Cambiemos. Otro ejemplo. Durante el año 2016 se fueron conformando a nivel provincial distintas mesas de coordinación. Se activaron este año con el fin de alinear a la tropa, comunicar herramientas de campaña y consensuar un discurso. De estos encuentros, el inquilino principal de Balcarce 50 participó de las principales. De la mayoría, segundas y terceras líneas referenciadas con cada actor constitutivo del acuerdo. Si eso no es una coalición, la coalición donde está.

Este punto no es menor dado que implica que hay co-responsabilidad en la toma de decisiones: cuando los partidos llegan a un acuerdo de ciertos puntos en común, son todos responsables por los resultados de gobierno que se logran y los desaciertos que se cometen. No hay un solo actor que gana el crédito o asume el costo. Al menos, así ocurre en tiempos de paz y calma. Con tormentas perfectas, la tentación a esconder la cabeza siendo avestruz puede ser grande. Pero aún no han llegado.

Reunirse no es una fusión. Tercero, los partidos políticos no suelen olvidarse de sus raíces y su génesis natural que les dio origen. Incluso los argentinos. La fragilidad de estos actores no debe llevarnos a pensar que sus dirigentes, sus referentes públicos y sus militantes desistan con brazos cansados si alguien se acerca al final del día a decirles que ya no tienen partido. Que ahora tienen otro nuevo.

Hablar de que radicales pueden fusionarse con el PRO es pensar que si en un corral reunimos ovejas y caballos, de sus espuelas saldrá lana al día siguiente. Lo que genera Cambiemos es una confluencia de objetivos comunes y compartidos, que sus principales expositores se encargan de manifestar en cada acto público, ya sea oficial o partidario. Enfrente, tienen un actor con un piso de 35% de votos, estructura, tradiciones, recursos y sentimientos. Eso alerta.

Cada uno de ellos pone en una mesa larga lo que tiene a disposición para alcanzarlos. Y a cada uno le toca una porción. No solo de ministerios, sino de ahí para abajo. Cambiemos es la complementariedad de lo que cada uno no tiene y aporta el otro. Es la alianza estratégica. Es la popularidad de uno y el territorio de otros. Es el salvataje justo cuando aparece el respirador artificial.

Y eso los reúne.

05 septiembre 2017

Qué hacemos todos los días

Hoy no vamos a hablar con datos. Faltarán las tablas y los gráficos. Las chicanas a Massa y al progresismo. No vamos a discutir sobre el Peronismo. Ni tampoco sobre Cambiemos o las coaliciones. Ni menos sobre Chile, Uruguay o Brasil. Hoy en Leviatán se reflexiona. No, no está en las últimas. Doña Rosa descansa.

Hoy la reflexión es sobre la ciencia política. O más bien, sobre qué hacemos todos los días. No son estas líneas lo único que hacemos los politólogos. Pero sí una de las tantas cosas que hacemos y a la que nos dedicamos. Especialmente, me quiero concentrar en una forma específica de estudiar fenómenos políticos. No, de vuelta, no estoy en las últimas.

Anoche escuché a Alain Rouquié con Carlos Pagni en Odisea Argentina en LN+. Acá pueden ver la entrevista completa y acá el resumen polémico. No solo me hizo acordar al primer libro sobre partidos políticos que compré y que devoré en mes y monedas, sino que también me recordó cómo podemos obtener datos. El entrenamiento riguroso que recibimos en licenciaturas, maestrías y doctorados nos lleva, la mayoría de las veces, a una secuencia parecida a esta.

Primero, nos nace una pregunta. Queremos conocer algo. Un tema que nos calienta (ya creo que saben cuál es el que abunda por acá). Segundo, tenemos que revisar literatura para ver qué se sabe del tema. Tercero, pensamos una respuesta a esa pregunta. Para que no nos dé insomnio. O alcoholismo. Cuarto, vamos a buscar los datos para ver si esa respuesta es correcta y si se ajusta a lo que ya sabemos o si cambia lo que ya sabemos. Si somos uno más o unos capos.

Bueno, en eso de ir a buscar es en donde Rouquié me hizo acordar mucho de lo que hago todos los días. Una de las cosas que hago. Porque la procastinación y el multi-tasking son diarios. Él me hizo pensar en las entrevistas: en ese rato mano a mano que todos a veces tenemos con dirigentes políticos (eso en mi caso, otras preguntas de investigación tienen otras necesidades de entrevistas). Ahí donde los inundamos a preguntas, consultas y averiguaciones. Hurgando en su memoria para ver si esa respuesta a nuestra pregunta inicial tiene sentido. O si tenemos que hacer otras cosas todos los días.

Rouquié hablaba de sus sensaciones al entrevistar al mismísimo General Juan Domingo Perón en Madrid, en sus primeras investigaciones. Hoy el hombre tiene 78. Imagínense. La cantidad de entrevistas que hizo. Al escucharlo hablar, pensaba en cómo cuando nos sentamos a entrevistar muchas veces, esos mismos actores ponen en tensión lo que sabemos, pensamos, ideamos y construimos antes de entrar en el cuarto donde los tenemos mano a mano. Y a veces lo tenemos que hacer parados. Ellos ponen en tensión nuestras teorías y conceptos. Nuestras formas de concebir el fenómeno que estudiamos. Ellos mismos son nuestro fenómeno en estudio. Y nos rompen los moldes.

Esto se los robamos a los periodistas. Bueno, no. En realidad no les robamos nada. Aprendimos de ellos. Porque eso es otra que hacemos todos los días: aprender. De varias disciplinas. Y lo hacemos sobre cosas que aún no sabemos en la nuestra. Por eso nos gusta hacer ciencia. Justo este punto se debatió en un panel sobre periodismo y ciencia política en el último congreso SAAP. Entre gente que sabe.

Estas entrevistas son experiencias únicas. Para este lado del grabador, cada una de ellas representa un aprendizaje que, al menos yo, no he encontrado en otras actividades. Y me ha pasado en los últimos dos años. Para la tesis de maestría que presenté en la Universidad Nacional de General San Martín entrevisté a más de 15 dirigentes de distintas coaliciones y tengo grabadas más de 20 horas de entrevistas. Quienes me conocen, saben que eso suele no ser suficiente. Asique quise que se convirtiera en libro. A los tres casos que ya tenía le agregué un cuarto: Cambiemos. Y otras 20 horas más de entrevista de más de 10 dirigentes de todos los partidos que la armaron (spoiler alert: saldrá en unos meses en Eudeba gracias a un excelente editor y persona que confió en el proyecto).

Esto suena a apología de un tipo de metodología de investigación. Pero no, no es considerar las entrevistas como las únicas posibles para juntar los datos para responder nuestra pregunta. La del insomnio. No, no es eso. Es pensar que a veces, cuando pensamos que un fenómeno político tiene la forma, las características y las partes que nosotros pensamos que tiene, puede que no sea tan así. Y está bien que sea así. Es bueno que los métodos de las investigaciones en ciencias sociales sean mixtos: combinar análisis cuantitativo de grandes cantidades de datos con conocimiento cualitativo profundo de (algunos o unos pocos) casos. Porque es política. Porque son personas. Porque son fenómenos. A veces únicos.

No importa que metodología uses vos, lector, para testear tus hipótesis: tus respuestas a tus preguntas y a tu insomnio. Una de las pocas formas que tenemos de saber si esa respuesta es relevante o si esa pregunta tiene sentido es conocer lo que saben quiénes conforman el fenómeno que estudiamos. Conocer qué saben los actores. Las entrevistas son complementarias de técnicas de investigación más refinadas y cuantitativas. No son sus enemigas.


Y desde ahí es que Rouquié me hizo acordar a ese primer libro. Me hizo acordar a qué implica sentarme enfrente del fenómeno. Me hizo pensar en ellos. Me hizo acordar a cómo ellos mismos nos desafían a nosotros que pensamos (y a que pensemos) lo que ellos hacen todos los días. Y también a pensar en lo que hacemos nosotros todos los días. Los politólogos. Eso que abunda y no daña.

01 septiembre 2017

Todos (des)unidos…triunfaremos

No es chicana. Así lo dice la majestuosa entonación de casi 70 años. La mística del Peronismo. Mística que funciona en el oficialismo. Porque en la oposición las peleas son muchas y las disputas, más. Si el gobierno nacional es el que ordena al Movimiento, salir del Ejecutivo al llano no lo desordena pero si lo descoordina.

Las PASO 2017 tienen algunos datos interesantes. Prometo que será la última. Ya dejaremos de aprovecharnos de esos datos para discutir por estos pagos. De hecho, venía pensando en desensillar hasta que Generales. Pero hubo tres cosas que me picaron el bichito. Primero, esta entrevista que ví ayer (ya tiene algunas semanas). Julio Bárbaro, picante, se la agarra con la familia: “el Kirchnerismo desapareció y el Peronismo quedó muy herido en terapia intensiva”. Segundo, anoche Cristina Fernández de Kirchner retomó la mística que se había olvidado los últimos meses. Sonó, se cantó y todo. Tercero, los gobernadores del Partido Justicialista (PJ) haciendo un llamado a Sergio Massa. Para ver si estaba ahí.

¿Qué tiene que ver un radiador con el proceso de asignación presupuestaria? Bueno, bastante. Las elecciones generales de octubre serán la segunda instancia en donde la interna del Peronismo dirima votos, estructuras territoriales, dirigentes, candidatos y aspiraciones electorales para el 2019. Si el Kirchnerismo empezó a “peronizar” (si, también es un verbo) su campaña, entonces la disputa interesante será al interior del Movimiento. Las PASO no escaparon a eso.

Doña Rosa pregunta de dónde se agarra Leviatán. Acá va el primer dato interesante. Este gráfico de DiegoReynoso que publicó acá muestra que el Peronismo desunido le hizo el juego a Cambiemos. Sumando PJ y Kirchnerismo hubiera sido una elección mucho más concentrada (no polarizada, como acá explican @ellorpolitico y Pablo Garibaldi).




Si la división del Movimiento fue significativa en términos del resultado electoral, entonces alguna regularidad tiene que haber si comparamos las estrategias de competencia para PASO 2017 del PJ y el Kirchnerismo (a partir de ahora K para ahorrar espacios). Porque si hay algo que sobran en esta época del open source son datos electorales abiertos. Entonces armé esta tabla, parecida a la de notas anteriores. Mucho de esto surgió de una charla/debate con los amigos de Beers&Politics. Discriminé en cada provincia si el PJ fue unido o bien si se presentó alguna lista K por fuera. Me basé en datos de #CuadernosElectorales de CIPPEC y en medios provinciales para identificar si esto efectivamente era así y sus respectivos nombres. Va la tabla.



¿Qué es lo primero que sacamos en limpio? En 10 provincias sobre 24 (más del 40%) hubo listas K separadas del PJ oficial en el distrito. No hay muchos puntos en común en estas provincias porque hay de todo: se separaron en provincias chicas, medianas y grandes[1]. Sin embargo, si observamos la columna de “oficialismo provincial” (donde se indica si el PJ en cualquiera de sus formas gobierna la provincia o no), solamente en 2 de esas 10 es oposición: Buenos Aires y Jujuy, las dos perdidas en 2015. Qué justa casualidad.

Una posible explicación puede ser que los gobernadores y los líderes peronistas locales intentaron armar (o forzaron) listas de unidad juntando a todas las líneas del Movimiento, pero no lo lograron. Esto lo refuerzo porque de esas 10 provincias, habilitaron la competencia en las PASO solamente en 4: Chaco, Jujuy, La Pampa y Salta, donde hubo entre 5 y 6 listas en cada una. Pero…si tienen las PASO, si tienen las herramientas, si tienen los mecanismos. ¿Para qué? ¿Por qué?

Rodrigo Zarazaga dice que el sentimiento peronista está dividido. Julio Burdman suma que los votos están, pero lo que no está es el liderazgo nacional. Y yo agrego: tampoco está el provincial. Si en más del 40% de las provincias hubo listas K separadas del PJ oficialista provincial y de ellas solo el 20% no es gobierno en la provincia, entonces hay cuestionamientos al liderazgo legitimado del distrito. Cuantos peronistas que piensan distinto. De modo que una posible explicación pueda ser la decisión de ir con lista única y el que no acata, puede ir por afuera. Todos unidos…

¿Qué más sacamos, Leviatán? Podemos decir algo del resultado. Solo en 2 provincias salió en 1° lugar la lista K (Buenos Aires y Tierra del Fuego). En todas las demás, de 3° puesto para abajo. Y de esas provincias, solo Córdoba tiene magnitud grande como para que entre algún diputado que haya competido por fuera del oficialismo peronista local.

El PJ, en cambio, donde fueron separados y son oficialismo provincial, solo en 3 de 8 casos no salieron primeros. En Córdoba y La Pampa Cambiemos tuvo el 1° lugar y en Tierra del Fuego fueron superados por la lista K. En los únicos dos casos donde no eran oficialismo provincial, el resultado es una mano para cada jugador: en Buenos Aires PJ salió 4° y kirchnerismo 1°, en Jujuy PJ salió 2° y MILES 5°.

El Kirchnerismo por fuera del PJ no es negocio. Sino, que te la cuenten en dos distritos mediatizados: todos juntos, en Santa Fe salieron primeros, y en CABA segundos y cómodos opositores. Más aún, en las 14 provincias donde compitieron juntos, el primer lugar fue para el PJ en 7 distritos (50%) y en otros 6 salieron segundos (3° solamente en Neuquén).

La crisis del Movimiento, sin dudas, no se resolverá en octubre. Tampoco se arreglará en la futura Cámara de Diputados ni en el Senado. Se medirán el aceite en el largo proceso del 2019. Como dijimos con @LaraLin78 hace unas semanas, la fragmentación del FPV/PJ, como la de la de los “radicales” allá por el 2003, está territorializada. Nuevos huérfanos, vaticina Juan Carlos TorreNagasaki, dicen @PabloTouzon y @Tintalimon.

En Casa Rosada, sonríen. Que mejor que no escuchar lo que dice la Marcha.



[1] Recuerden la división realizada arbitrariamente y explicada por Leviatán en esta nota.

22 agosto 2017

Entrevista en Nuevos Papeles - "Cambiemos seguirá siendo una coalición de gobierno minoritario"

Cambiemos, ese fenómeno sui generis del que poco sabemos y del que tantos indicios tenemos. Dado que soy algo insistente en artículos, redes sociales y otros medios con que es coalición coalición coalición coalición coalición coalición coalición…hasta el hartazgo, me invitaron a dar mis impresiones en Nuevos Papeles sobre este caso en vivo y en directo que tenemos los fans del tema. Si, fans. No nerds.
A continuación, replico la entrevista realizada por Esteban Lo Presti, quien además oficia como editor de un libro de próxima aparición sobre….si, coaliciones y partidos en Argentina. Que saldrá por Eudeba. Y es un gran orgullo. Y también analizo Cambiemos en comparación con otros tres casos en los últimos 15 años: Movimiento Federal para Recrear el Crecimiento (MFRC), Frente Progresista Cívico y Social de Santa Fe (FPCyS), y Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT).
Las puteadas hacia mi persona, por favor. No se la agarren con Leviatán.

Facundo Cruz: "Cambiemos seguirá siendo una coalición de gobierno minoritario"

Luego del resultado electoral de las PASO, la discusión de los especialistas se centró en si hubo competencia entre coaliciones o entre bloques definidos que recrean el bipartidismo.
Facundo Cruz es Licenciado en Gobierno y Relaciones Internacionales (UADE), Magíster en Análisis, Derecho y Gestión Electoral (UNSAM) y Docente de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT). Co-Director del Grupo de Investigación “Coaliciones Políticas en América Latina” (Facultad de Ciencias Sociales, UBA) y Co-Director del Observatorio de Redes. Se especializa en estudiar el fenómeno de las coaliciones de gobierno, los partidos políticos, las reglas electorales, las instituciones de gobierno y los mecanismos de financiamiento partidario.

Para comprender mejor la competencia en estas elecciones que se desarrollaron el último domingo, ¿a qué se denomina Coaliciones?

Una coalición es un acuerdo entre dos o más partidos políticos, que tiene objetivos compartidos, tienen recursos políticos que ponen a disposición de esos acuerdos, persiguen metas acordadas y posteriormente se reparten los beneficios de lo logrado. Esta es la definición tradicional acuñada por el politólogo Kaare Strom para el estudio de los sistemas parlamentarios, y que los primeros politólogos que trabajaron el fenómeno en los presidencialismos latinoamericanos difundieron por estos lares. De esta definición se desprenden tres elementos clave. En primer lugar, se puede aplicar a distintos ámbitos, niveles, esferas o arenas de análisis. Es una definición amplia que sirve para estudiar elecciones (coaliciones electorales), la dinámica gubernamental (coaliciones de gobierno o coaliciones legislativas) e incluso varios niveles de un sistema político (coaliciones nacionales, provinciales o municipales). En segundo lugar, como hemos debatido en el Grupo de Investigación sorbe Coaliciones Políticas radicado en la UBA, implica cierta noción de co-responsabilidad. Esto es, que dado que los partidos acuerdan puntos en común, son todos responsables por los resultados alcanzados. No uno solo, no el Presidente, ni el partido mayoritario: todos sus integrantes. Eso hace a la convivencia de una coalición. Permite, además, que cada actor mantenga su autonomía interna (elección de autoridades, normas de funcionamiento, selección de candidatos propios para elecciones, etc.). En tercer lugar, todo acuerdo funciona en base a reglas. Esas reglas son la base de la convivencia. Respetarlas contribuye a que perdure. Romperlas, implica que puede resquebrajarse. Como un matrimonio.

¿Qué diferencia puede haber entre una coalición electoral y una de gobierno? 

Bueno, en parte adelanté la respuesta anterior. Una coalición electoral es aquella que cumple la definición mencionada, pero tiene como único objetivo ganar elecciones o, al menos, sacar la mayor cantidad de votos posibles. Las coaliciones de gobierno, en cambio, son aquellas que ganan una determinada elección y forman gobierno. Esta conversión de coalición electoral en una de gobierno es, tal vez, el proceso más complejo de todo acuerdo multipartidario. Implica pasar de un conjunto de reglas electorales acordadas a nuevas reglas de gobierno. El tema más espinoso es lo cotidiano en política: los cargos. ¿Cuánto para quién? Pero sobre todo, ¿por qué para ese y no para el otro? Acá la clave radica en que las reglas del acuerdo de gobierno sean, al menos, debatidas y pre-acordadas antes de ganar el gobierno. Si se hace todo sobre la marcha y si, encima, la asunción de gobierno se hace dos semanas luego de ganar, entonces los chispazos pueden ser inmediatos. Esta última limitación, sin embargo, es estructural: no se puede cambiar la fecha de asunción y de celebración de elecciones salvo por vía de una reforma política con amplio consenso.

Esas reglas son la base de la convivencia. Respetarlas contribuye a que perdure. Romperlas, implica que puede resquebrajarse. Como un matrimonio.

Hay casos exitosos en este proceso de conversión: Frente Amplio en Uruguay, Concertación en Chile. Incluso Cambiemos en Argentina. También las coaliciones con apoyo parlamentario que se formaron en Bolivia en los noventa, combinando gobiernos del MNR y ADN, y con apoyos del MIR a cada uno de ellos. Si bien no hay buenos recuerdos de ese período en nuestro vecino, fueron experiencias que supieron convivir y terminar sus mandatos. Al menos hasta comienzos del 2000.

Dado que los primeros resultados muestran una gran elección de la Coalición Cambiemos, y que durante este año y medio se produjeron algunas críticas internas a la falta de coordinación de las políticas de Macri, ¿podemos decir que puede haber una coalición exitosa en términos electorales y no necesariamente o que pueda prescindir de la misma a la hora de gestionar?

Yo creo que los problemas de gestión pasan más por la experiencia de gobierno conjunto que por el hecho de ser un gobierno de coalición. Si es cierto que hay mayores dificultades para tomar decisiones cuando lo hacen más de dos partidos que, adicionalmente, no han tenido experiencias anteriores nacionales o provinciales de gobierno conjunto. No olvidemos que Cambiemos gana luego de doce años ininterrumpidos de gobierno del Frente para la Victoria. Cada recambio trae sus coletazos los primeros meses. Sino, recordemos la Alianza. O mismo el gobierno de Alfonsín y de Menem. ¿Cuánto tardó el primero en avanzar con el plan de gobierno? ¿Cuánto tardó el segundo en contener la inflación?

O mismo el gobierno de Alfonsín y de Menem. ¿Cuánto tardó el primero en avanzar con el plan de gobierno? ¿Cuánto tardó el segundo en contener la inflación?

Cambiemos tiene una novedad y creo que es lo interesante del caso. Con Lara Goyburu escribimos hace un tempo sobre una nueva forma de estudiar las coaliciones, que se deriva de la definición antes dicha. Estos acuerdos entre partidos pueden tener una dinámica de división de tareas por funciones. Si pensamos que las acciones de gobierno tienen una etapa de debate, otra de toma de decisiones, otra de implementación y otra de control de lo logrado, entonces en cada una de ellas hay interacción entre actores o bien reparto de funciones. Podemos pensar que el proceso de debate y toma de decisión se circunscribe a los principales referentes del PRO con consultas a algunos dirigentes radicales. Acá hay una fuerte impronta “macrista”, por decirlo de alguna manera. La puesta en marcha, en cambio, tiene una importante participación “radical”, dado que tres de los cinco gobernadores son radicales y, del 30% de intendentes que tiene Cambiemos en todo el país, más del 80% pertenecen a la UCR. El control, posteriormente, se hace en conjunto.

Este paso de toma de decisiones a implementación fue lo que más complicaciones generó. Pero es un aprendizaje. El Estado argentino tiene un tamaño considerable, el desembarco se hizo en dos semanas, las áreas y las estructuras burocráticas tardaron en adaptarse a una lógica de gobierno completamente distinta a la de los últimos años. Costó. Pero se perciben mejoras. Al menos en el proceso de gobierno. En los resultados, bueno, eso depende mucho del contexto económico, tanto del macro como del bolsillo en la vida cotidiana. Como todo gobierno, hay decisiones que generan debate, a veces ríspido y bien sustentado. Una cosa no exime la otra.

¿Podemos hablar de más de una coalición competitiva en nuestro país a raíz de los resultados de las últimas dos o tres elecciones?

Si vemos resultados electorales solo por ganar, te diría que Cambiemos y el Frente para la Victoria son los principales ejemplos en las últimas décadas. Los únicos, en realidad.
Ahora, si vemos qué coalición cumplió sus propios objetivos y perduró en esas elecciones, entonces se suma un tercer ejemplo: el FIT. Si bien los resultados electorales nunca son aplastantes, han ido creciendo en legisladores nacionales y, sobre todo, provinciales. Son tercera fuerza en algunos distritos (Salta, Chaco, Jujuy, Mendoza, Neuquén, Córdoba por momentos). Y han mantenido las reglas que fundaron el acuerdo desde el 2011 en adelante. Más aún: en estas PASO se presentaron en 22 distritos y superaron el 1,5% de los votos necesarios en 21. Eso también es éxito electoral. Sino, uno solo se conforma con ganar la Copa del Mundo.

Algunos colegas no comparten necesariamente que sean Coaliciones sino más bien la recreación del tradicional bipartidismo con otra "fachada". Se entiende que no es tu mirada. ¿Esto quiere decir que se deja atrás el tradicional clivaje peronismo-antiperonismo?

A esos colegas yo les digo “hagamos un seminario y debatamos”. Estamos justo en un momento en donde estamos viendo crecer un actor sui generis que nos tomó a muchos por sorpresa. ¿Qué mejor que estudiarlo mientras crece y se expande?

Creo que las dos cosas son distintas. Una es el tipo de actor que es Cambiemos. Para mi es una coalición electoral que se convirtió en coalición de gobierno con las características antes marcadas. Además, porque cada actor mantiene su autonomía y procesos propios. No veo a la UCR fusionándose con el PRO en un partido como hicieron Recrear con Compromiso para el Cambio en agosto del 2009. Cada uno tiene sus órganos, su funcionamiento partidario, sus autoridades, sus propias estrategias, sus ideas, incluso. La Coalición Cívica - ARI no escapa a esta lógica. Tampoco el Partido FE ni los partidos provinciales que se han sumado a Cambiemos en este tiempo. Encuentran puntos en común, si. Pero no reniegan ni descreen de sus particularidades.

Por ahí tenemos una imagen errada de lo que son o fueron los partidos políticos argentinos. Tendemos a ver los partidos latinoamericanos con el prisma de los partidos europeos, y eso es un error. Son actores distintos. En Argentina siempre pensamos en los dos partidos mayoritarios como partidos nacionales. Pero PJ y UCR en su interior tienen dinámicas de funcionamiento coalicionales. No es lo mismo el PJ bonaerense que el salteño, el santacruceño o el mendocino, ni la UCR de la Ciudad de Buenos Aires con la de Santa Fe, Jujuy, Neuquén, Río Negro o Tucumán. Ahí coincido con Marcelo Escolar: la ilusión de la nacionalización de los partidos que llegó con la victoria de Raúl Alfonsín tapó lo que los partidos argentinos siempre fueron: actores construidos desde anclajes provinciales o territoriales muy diferentes entre sí pero coordinados a nivel nacional. Bueno, las coaliciones son eso.

Hay cierto sentimiento “cambiemita” como lo llama Julio Burdman, pero eso no niega que sea una coalición armada por partidos políticos con nombre propio. Un modelo del cual aprender puede ser el Frente Amplio o la Concertación: ambos avanzaron hacia cierta forma de institucionalización o consolidación del acuerdo y duraron décadas. Hoy tenemos algunos indicios de eso en Cambiemos: puede verse en las instancias de diálogo y coordinación internas que se han construido en este primer año y medio de gobierno. Tanto para tomar decisiones como para competir en elecciones. Bueno, es un proceso. Y todo proceso tiene etapas. Si Cambiemos se armó por etapas, también puede consolidarse por etapas.

Ahora, lo segundo para mencionar es que si Cambiemos se consolida como coalición, no necesariamente rompa la división peronismo-antiperonismo existente. Al contrario: puede reforzarla. Se vieron en las elecciones pasadas. El que no se identificó como peronista o antiperonista/”cambiemita”, se lo llevó puesto el colectivo en la avenida del medio. Lousteau y Massa son ejemplos. Pero también las derrotas del MPN en Neuquén o la caída de Frente Progresista en Santa Fe al tercer lugar.

Yo, igual, veo que Cambiemos es ambivalente en esta construcción discursiva “antiperonista”. Adentro conviven actores como la Coalición Cívica – ARI y la UCR con el Partido FE (de clara impronta peronista) y varios sectores internos del PRO, que vienen del peronismo. Asique sería cuidadoso con una definición tan tajante. Para afirmar eso, tendríamos que preguntar cuántos votantes peronistas (ya sea por tradición, mandato o identificación ideológica) votan candidatos de Cambiemos. Más de una sorpresa puede haber. De hecho, en el 2015 muchos candidatos a gobernador (Gerardo Morales, entre ellos) compitieron contra candidatos peronistas incluyendo peronistas en sus coaliciones provinciales.

Volviendo al punto anterior, ¿por qué no sería una recreación del viejo bipartidismo la recreación de la competencia por coaliciones?

Es que en realidad si lo sería. Pasaríamos de una lógica bipartidista a una lógica bipolar. La primera se da por dos partidos. La segunda se produce cuando hay más de dos partidos o actores en cada polo. Sería bipolar coalicional, por llamarla de alguna manera. Las PASO 2017 mostraron un avance de esta dinámica, rompiendo la competencia a tres bandas característica de todo el 2015. Pero como a seguro se lo llevaron preso, mejor esperar a ver cómo evoluciona la competencia. Y sus actores.

Pasaríamos de una lógica bipartidista a una lógica bipolar. La primera se da por dos partidos. La segunda se produce cuando hay más de dos partidos o actores en cada polo.
En el escenario local, las primeras coaliciones que se presentaron en el país fueron de izquierda o centroizquierda. ¿Por qué crees que no tuvieron casi protagonismo en esta elección?

Creo que por lo que mencioné antes. La lógica bipolar se llevó puesto a los que se quedaron esperando en la avenida del medio. En estas elecciones, hubo una intención de parte de Cambiemos de nacionalizar la elección. “Estas con nosotros o con el pasado”. De parte del peronismo, de provincializarla. Cada gobernador peronista intentó revalidar su posición interna de poder para dirimir liderazgo nacional a futuro. En esta tensión entre los dos principales actores, se deglutieron a los demás. Pero eso no significa que hayan desaparecido. En la Ciudad de Buenos Aires pasaron el filtro del 1,5% dos actores de izquierda: FIT y el siempre querido por los porteños, Luis Zamora con Autodeterminación y libertad. También se verá la presencia del FIT en 21 distritos en octubre.

Otra vez, nos tomaron por sorpresa las elecciones. Uno esperaría que en una legislativa de mitad de mandato el ciudadano vote según sus preferencias y no tanto por quién tiene más capacidad o imagen para gobernar. En estas elecciones desdobladas de mitad de mandato, el voto suele fragmentarse y no concentrarse tanto. Bueno, pasó al revés. La concentración fue la norma, y en los dos actores principales. Como que vamos a contramano.

Para terminar ¿qué escenario ves de cara a la elección de octubre?

Veo dos elementos principales. Primero, que las preferencias electorales no cambiarán tanto. Puede haber algunos distritos donde los votos de los partidos que no superaron el filtro se redirijan hacia los restantes, pero en porciones marginales. Las provincias donde puede haber migración de votos son las más mediatizados, como Ciudad de Buenos Aires o Provincia de Buenos Aires. Pero, de vuelta, no en porciones grandes. Porque siendo una elección legislativa de mitad de mandato los incentivos son menores para que haya transferencias entre candidatos o listas que, por ejemplo, en una primera vuelta presidencial después de una PASO, o en un ballotage.

Segundo, las provincias que ponen en juego pocas bancas por tener magnitudes chicas no tendrán muchas novedades. O Cambiemos o el peronismo local saldrán primero o segundo, sin muchas alteraciones respecto de los resultados de las PASO. Eso llevará a que el aumento o pérdida de bancas de cada uno en el Congreso no sea grande. Cambiemos puede llegar a superar los 100 diputados propios y ampliar su cantidad de Senadores, llegando tal vez a los 24 senadores y romper la mayoría calificada del peronismo. Pero seguirá siendo un gobierno de coalición minoritario. Corre con una ventaja única: un peronismo dividido por el liderazgo nacional y también por sus liderazgos provinciales.


15 agosto 2017

¿Pero qué catzo PASÓ?

Nota antes de enfrascarse: el plural no es adrede. Hoy dejamos de lado la esquizofrenia y somos dos los escribimos. Ella, sin embargo, tendrá que pensarse un personaje. Sugieran por Twitter.

Bueno, ¿arranca o no arranca? Seguimos buscando respuestas para la pregunta titular. Hace algunas semanas Leviatán se metió a ver cómo se había organizado la oferta electoral de cara a las PASO que se celebraron el pasado domingo 13 de agosto. Acá pueden ver parte de lo debatido. Ahora con el diario del lunes no solo tenemos alianzas jurídicamente reconocidas: también tenemos datos electorales. Del escrutinio provisorio, bueno…95% es algo.

Mientras escribimos estas líneas hay funcionarios desfilando por los medios y en ruedas de prensa tratando de sacar alguna conclusión de las elecciones del domingo. ¿Se puede? ¡Claro! Si hasta La Pampa mostró que en la estabilidad hay lugar para conclusiones preliminares.

Nos agarramos de las siguientes declaraciones. El honorable Jefe de Gabinete lanzó dos perlas: “Nos apoyaron más argentinos que en 2015”. Bueno, eso es relativo, colega politólogo. La pregunta no es “cuántos”, sino “dónde”. La otra: “la única fuerza nacional es Cambiemos”. Bueno, eso también es para escribir. Que el Peronismo (referenciado en esta nota con la sigla FPV/PJ) haya retrocedido, esté desarticulado, sin liderazgo y sin coordinación entre sus elites no implica que la fuerza predominante ahora pase a ser una sola no peronista. Herminio hubo uno solo.

Las otras dos puntas de las que nos agarramos son las notas publicadas por Marcelo Leiras y Julio Burdman en sendos diarios y sitios web. Ambos coinciden en que Cambiemos está en la vía de la nacionalización de sus apoyos electorales. El primero mantiene la idea de que es una coalición. El segundo de que pasará inevitablemente a un partido político “cambiemita” por el factor aglutinador de su discurso y su posterior conversión en ideología partidaria. Coincidimos más con Marcelo. Pero esta distinción teórica quedará para los próximos días. Cuando los datos bajen y la teoría nos haga reflexionar hasta el octubre rojo.

Vamos a los bifes.

¿Qué datos nos deja el domingo?

No volvió el fútbol. Y al rugby se juega los sábados. Así que hoy analizamos la evolución del total de votos de Cambiemos y FPV/PJ en todo el país comparando las elecciones PASO 2017 para diputados nacionales con las presidenciales a tres vueltas en 2015: PASO, primera vuelta y ballotage (LPO hizo algo parecido solo con primera vuelta y Animales Sueltos divagó anoche sobre el tema). Esto tiene alguna tirantez metodológica para nosotros los politólog@s, pero vamos a dar nuestros argumentos de por qué elegimos así.

Primero, comparamos elecciones legislativas con ejecutivas nacionales porque consideramos que la campaña 2017 de las primarias tuvo la intención de nacionalizarse por parte del oficialismo, tal como fue escrito en otro sitio. De esa manera, podemos ver apoyos ciudadanos a los candidatos de Cambiemos en comparación con la principal fuerza opositora (FPV/PJ). Segundo, porque ambos actores existieron como tales solo en las elecciones 2015, no así en las legislativas 2013. De modo que ahí sí nos mandaríamos un moco metodológico más grave.

A continuación dejamos dos tablas, una para cada coalición electoral legislativa (Cambiemos y FPV/PJ). Incluimos:

1) una clasificación de las provincias descripta en la nota anterior sobre las PASO;
2) si hubo competencia interna en cada distrito o no;
3) en caso de que sí, cuántas listas;
4) los valores totales de votos para las cuatro elecciones mencionadas (PASO 2017 vs. PASO presidencial; vs. primera vuelta; vs. ballotage 2015)[1]. En color marcado donde se ganaron votos para cada una; y
5) las provincias donde cada coalición electoral salió primero/gano en las cuatro elecciones analizadas, marcado en color correspondiente.

Tómese unos minutos y saque conclusiones. Nosotros seguimos abajo y vemos si coincidimos.




Vamos nosotros ahora.

Cambiemos aumentó el total de votos obtenidos en 21 provincias si se comparan con las PASO 2015, en 15 si se la comparan con primera vuelta y en 1 sola si se la compara con ballotage. Adicionalmente, en este 2017 fue la primera fuerza en 11 provincias (casi la mitad del país): 3 provincias de Alto peso electoral, 3 de Medio y 5 de Bajo peso. Actor metropolitano/bonaerense hoy, mis polainas. Así arrancó en 2015, claro. Pero aprendieron a durar viendo a sus antepasados López Murphy, Fernando “Pino” Solanas, De Narváez y Ricardo Alfonsín. Incluso de los contemporáneos Sergio Massa y Elisa Carrió.

Hay tres casos simbólicos. Santa Cruz fue la única provincia donde viene sumando votos desde las PASO 2015 hasta las PASO 2017 sin perder uno solo. En San Luis lograron desplazar del primer lugar al PJ de la hermandad histórica de Rodríguez Saá, al igual que en La Pampa de los Verna, Jorge y Marín. Igual le pasó al Nequén del MPN. Esto muestra un proceso de crecimiento hacia las provincias periféricas y más alejadas del AMBA, donde nació PRO y donde se juntó con UCR, CC-ARI y amigos. Es por acá, Marcos.

En los distritos metropolitanos de Alto peso electoral donde ya había hecho pie en 2015 (CABA, Provincia de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Mendoza) no tuvo tanto crecimiento en términos de votos totales. De hecho, en los cinco distritos perdió votos si se comparan PASO 2017 vs. primera vuelta presidencial 2015. Pero de las mencionadas, solo en Santa Fe cedió el primer lugar al FPV/PJ. Consolidar lo logrado y extenderse hacia los campos. Salir del departamento en la General Paz rindió.

La contracara parecería ser el mundo de la confederación de partidos provinciales que es la coalición FPV/PJ hoy en día. Si repetimos la comparación de votos hecha anteriormente, da lo siguiente: aumentó sus votos totales en 4 distritos si comparamos vs. PASO presidencial 2015; en 6 si lo hacemos con primera vuelta; y en 1 vs. el ballotage. Este último, sin embargo, es una picardía de investigador: es San Luis y toma en cuenta al peronismo local en 2017.

Las provincias en las que obtuvo el primer lugar se distribuyen de la siguiente manera según impacto electoral: 1 de Alto peso (la ¿recuperada? Santa Fe), 4 de Medio peso y 7 de Bajo peso. Comparando con Cambiemos, no solo hubo retroceso sino que quedaron relegados a las provincias que menos chances tienen de poder reinclinar la balanza de la bipolaridad competitiva hacia su favor. Para colmo de males, el FPV/PJ de La Matanza no se parece tanto al de Salta o Tucumán. La descoordinación aflora.

Hay pérdidas llamativas de votos que se relacionan con la estrategia electoral definida en Provincia de Buenos Aires, Chaco, Córdoba, Tierra del Fuego y Salta[2]. En estos cinco distritos el PJ fue separado del FPV en listas distintas y la proporción perdida fue considerablemente elevada. El precio pagado se ve. Y no es inflación. Aprendieron de la UCR: la fragmentación del FPV/PJ, como la de la de los “radicales” allá por el 2003, está territorializada. Nuevo huérfanos, vaticina Juan Carlos Torre. Nagasaki, dicen @PabloTouzon y @Tintalimon.

¿Qué hacemos estos dos meses?

Esperar. Calmar la ansiedad. Los resultados electorales del domingo no dicen mucho. Tampoco dicen nada. Son información. Que, tal como dice Julia Pomares, ayuda a partidos, candidatos, dirigentes y electores. Y coincidimos.

Ahora, ¿qué dicen? Dicen que Cambiemos hizo las cosas bien para nacionalizarse como coalición electoral competitiva. Logró romper la barrera de algunos distritos imposibles para otras experiencias de acuerdos entre partidos no peronistas. Además, salvo el mediatizado caso de CABA, mantiene a sus socios originales y la convivencia es buena. Los recursos del Estado ayudan a unir y mantener. O, como en el caso del FIT, la organización y la ideología: no es nada despreciable superar la barrera del 1,5% en 21 de 22 provincias donde compitieron en este turno 2017.

Quien paga los platos rotos de una unión que parece contranatura (pero dura) es el Peronismo. Como no podría ser de otra manera para nosotros argentinos, la bipolaridad implica que uno pierde lo que el otro gana. Barajar y dar de nuevo puede evitar una depresión de largo plazo. O a seguir yendo al bazar a buscar platos en promoción.

Porque solo eso pasó. Pasó una PASO. Pero que PASO.




[1] Para las PASO 2017 utilizamos el escrutinio provisorio (pero la ansiedad es más fuerte). Para las elecciones del 2015, sin embargo, se toma en cuenta el definitivo.
[2] En cuatro de los cinco casos mencionados se tomaron en cuenta los votos totales obtenidos en la PASO 2017 de las listas referenciadas con el FPV antes que con el PJ: Unidad Ciudadana (Provincia de Buenos Aires), Frente Córdoba Ciudadana (Córdoba), Frente Ciudadano y Social (Tierra del Fuego) y Frente Ciudadano para la Victoria (Salta). En el caso de Chaco también hubo lista “kirchnerista” (Unidad Ciudadana) por fuera del PJ local pero se tomó en cuenta al oficialismo provincial de “Chaco Merece Más”. Si hubiéramos tomado en cuenta las listas “peronistas” asociadas al PJ provincial, la pérdida de votos no hubiera sido tan alta para los casos de Córdoba (Unión por Córdoba obtuvo el 2° lugar) y Salta (Frente Unidad y Renovación obtuvo el 1° lugar). En cambio, en Provincia de Buenos Aires y Tierra del Fuego el “kirchnerismo” salió mejor ubicado que el “peronismo”. En Chaco ganó el PJ oficial, e igualmente la pérdida fue considerable. Hubiera sido mayor si contabilizábamos votos de “Unidad Ciudadana” (3° lugar con el 7,18% de los votos en el distrito). Linda ensalada.