22 agosto 2017

Entrevista en Nuevos Papeles - "Cambiemos seguirá siendo una coalición de gobierno minoritario"

Cambiemos, ese fenómeno sui generis del que poco sabemos y del que tantos indicios tenemos. Dado que soy algo insistente en artículos, redes sociales y otros medios con que es coalición coalición coalición coalición coalición coalición coalición…hasta el hartazgo, me invitaron a dar mis impresiones en Nuevos Papeles sobre este caso en vivo y en directo que tenemos los fans del tema. Si, fans. No nerds.
A continuación, replico la entrevista realizada por Esteban Lo Presti, quien además oficia como editor de un libro de próxima aparición sobre….si, coaliciones y partidos en Argentina. Que saldrá por Eudeba. Y es un gran orgullo. Y también analizo Cambiemos en comparación con otros tres casos en los últimos 15 años: Movimiento Federal para Recrear el Crecimiento (MFRC), Frente Progresista Cívico y Social de Santa Fe (FPCyS), y Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT).
Las puteadas hacia mi persona, por favor. No se la agarren con Leviatán.

Facundo Cruz: "Cambiemos seguirá siendo una coalición de gobierno minoritario"

Luego del resultado electoral de las PASO, la discusión de los especialistas se centró en si hubo competencia entre coaliciones o entre bloques definidos que recrean el bipartidismo.
Facundo Cruz es Licenciado en Gobierno y Relaciones Internacionales (UADE), Magíster en Análisis, Derecho y Gestión Electoral (UNSAM) y Docente de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT). Co-Director del Grupo de Investigación “Coaliciones Políticas en América Latina” (Facultad de Ciencias Sociales, UBA) y Co-Director del Observatorio de Redes. Se especializa en estudiar el fenómeno de las coaliciones de gobierno, los partidos políticos, las reglas electorales, las instituciones de gobierno y los mecanismos de financiamiento partidario.

Para comprender mejor la competencia en estas elecciones que se desarrollaron el último domingo, ¿a qué se denomina Coaliciones?

Una coalición es un acuerdo entre dos o más partidos políticos, que tiene objetivos compartidos, tienen recursos políticos que ponen a disposición de esos acuerdos, persiguen metas acordadas y posteriormente se reparten los beneficios de lo logrado. Esta es la definición tradicional acuñada por el politólogo Kaare Strom para el estudio de los sistemas parlamentarios, y que los primeros politólogos que trabajaron el fenómeno en los presidencialismos latinoamericanos difundieron por estos lares. De esta definición se desprenden tres elementos clave. En primer lugar, se puede aplicar a distintos ámbitos, niveles, esferas o arenas de análisis. Es una definición amplia que sirve para estudiar elecciones (coaliciones electorales), la dinámica gubernamental (coaliciones de gobierno o coaliciones legislativas) e incluso varios niveles de un sistema político (coaliciones nacionales, provinciales o municipales). En segundo lugar, como hemos debatido en el Grupo de Investigación sorbe Coaliciones Políticas radicado en la UBA, implica cierta noción de co-responsabilidad. Esto es, que dado que los partidos acuerdan puntos en común, son todos responsables por los resultados alcanzados. No uno solo, no el Presidente, ni el partido mayoritario: todos sus integrantes. Eso hace a la convivencia de una coalición. Permite, además, que cada actor mantenga su autonomía interna (elección de autoridades, normas de funcionamiento, selección de candidatos propios para elecciones, etc.). En tercer lugar, todo acuerdo funciona en base a reglas. Esas reglas son la base de la convivencia. Respetarlas contribuye a que perdure. Romperlas, implica que puede resquebrajarse. Como un matrimonio.

¿Qué diferencia puede haber entre una coalición electoral y una de gobierno? 

Bueno, en parte adelanté la respuesta anterior. Una coalición electoral es aquella que cumple la definición mencionada, pero tiene como único objetivo ganar elecciones o, al menos, sacar la mayor cantidad de votos posibles. Las coaliciones de gobierno, en cambio, son aquellas que ganan una determinada elección y forman gobierno. Esta conversión de coalición electoral en una de gobierno es, tal vez, el proceso más complejo de todo acuerdo multipartidario. Implica pasar de un conjunto de reglas electorales acordadas a nuevas reglas de gobierno. El tema más espinoso es lo cotidiano en política: los cargos. ¿Cuánto para quién? Pero sobre todo, ¿por qué para ese y no para el otro? Acá la clave radica en que las reglas del acuerdo de gobierno sean, al menos, debatidas y pre-acordadas antes de ganar el gobierno. Si se hace todo sobre la marcha y si, encima, la asunción de gobierno se hace dos semanas luego de ganar, entonces los chispazos pueden ser inmediatos. Esta última limitación, sin embargo, es estructural: no se puede cambiar la fecha de asunción y de celebración de elecciones salvo por vía de una reforma política con amplio consenso.

Esas reglas son la base de la convivencia. Respetarlas contribuye a que perdure. Romperlas, implica que puede resquebrajarse. Como un matrimonio.

Hay casos exitosos en este proceso de conversión: Frente Amplio en Uruguay, Concertación en Chile. Incluso Cambiemos en Argentina. También las coaliciones con apoyo parlamentario que se formaron en Bolivia en los noventa, combinando gobiernos del MNR y ADN, y con apoyos del MIR a cada uno de ellos. Si bien no hay buenos recuerdos de ese período en nuestro vecino, fueron experiencias que supieron convivir y terminar sus mandatos. Al menos hasta comienzos del 2000.

Dado que los primeros resultados muestran una gran elección de la Coalición Cambiemos, y que durante este año y medio se produjeron algunas críticas internas a la falta de coordinación de las políticas de Macri, ¿podemos decir que puede haber una coalición exitosa en términos electorales y no necesariamente o que pueda prescindir de la misma a la hora de gestionar?

Yo creo que los problemas de gestión pasan más por la experiencia de gobierno conjunto que por el hecho de ser un gobierno de coalición. Si es cierto que hay mayores dificultades para tomar decisiones cuando lo hacen más de dos partidos que, adicionalmente, no han tenido experiencias anteriores nacionales o provinciales de gobierno conjunto. No olvidemos que Cambiemos gana luego de doce años ininterrumpidos de gobierno del Frente para la Victoria. Cada recambio trae sus coletazos los primeros meses. Sino, recordemos la Alianza. O mismo el gobierno de Alfonsín y de Menem. ¿Cuánto tardó el primero en avanzar con el plan de gobierno? ¿Cuánto tardó el segundo en contener la inflación?

O mismo el gobierno de Alfonsín y de Menem. ¿Cuánto tardó el primero en avanzar con el plan de gobierno? ¿Cuánto tardó el segundo en contener la inflación?

Cambiemos tiene una novedad y creo que es lo interesante del caso. Con Lara Goyburu escribimos hace un tempo sobre una nueva forma de estudiar las coaliciones, que se deriva de la definición antes dicha. Estos acuerdos entre partidos pueden tener una dinámica de división de tareas por funciones. Si pensamos que las acciones de gobierno tienen una etapa de debate, otra de toma de decisiones, otra de implementación y otra de control de lo logrado, entonces en cada una de ellas hay interacción entre actores o bien reparto de funciones. Podemos pensar que el proceso de debate y toma de decisión se circunscribe a los principales referentes del PRO con consultas a algunos dirigentes radicales. Acá hay una fuerte impronta “macrista”, por decirlo de alguna manera. La puesta en marcha, en cambio, tiene una importante participación “radical”, dado que tres de los cinco gobernadores son radicales y, del 30% de intendentes que tiene Cambiemos en todo el país, más del 80% pertenecen a la UCR. El control, posteriormente, se hace en conjunto.

Este paso de toma de decisiones a implementación fue lo que más complicaciones generó. Pero es un aprendizaje. El Estado argentino tiene un tamaño considerable, el desembarco se hizo en dos semanas, las áreas y las estructuras burocráticas tardaron en adaptarse a una lógica de gobierno completamente distinta a la de los últimos años. Costó. Pero se perciben mejoras. Al menos en el proceso de gobierno. En los resultados, bueno, eso depende mucho del contexto económico, tanto del macro como del bolsillo en la vida cotidiana. Como todo gobierno, hay decisiones que generan debate, a veces ríspido y bien sustentado. Una cosa no exime la otra.

¿Podemos hablar de más de una coalición competitiva en nuestro país a raíz de los resultados de las últimas dos o tres elecciones?

Si vemos resultados electorales solo por ganar, te diría que Cambiemos y el Frente para la Victoria son los principales ejemplos en las últimas décadas. Los únicos, en realidad.
Ahora, si vemos qué coalición cumplió sus propios objetivos y perduró en esas elecciones, entonces se suma un tercer ejemplo: el FIT. Si bien los resultados electorales nunca son aplastantes, han ido creciendo en legisladores nacionales y, sobre todo, provinciales. Son tercera fuerza en algunos distritos (Salta, Chaco, Jujuy, Mendoza, Neuquén, Córdoba por momentos). Y han mantenido las reglas que fundaron el acuerdo desde el 2011 en adelante. Más aún: en estas PASO se presentaron en 22 distritos y superaron el 1,5% de los votos necesarios en 21. Eso también es éxito electoral. Sino, uno solo se conforma con ganar la Copa del Mundo.

Algunos colegas no comparten necesariamente que sean Coaliciones sino más bien la recreación del tradicional bipartidismo con otra "fachada". Se entiende que no es tu mirada. ¿Esto quiere decir que se deja atrás el tradicional clivaje peronismo-antiperonismo?

A esos colegas yo les digo “hagamos un seminario y debatamos”. Estamos justo en un momento en donde estamos viendo crecer un actor sui generis que nos tomó a muchos por sorpresa. ¿Qué mejor que estudiarlo mientras crece y se expande?

Creo que las dos cosas son distintas. Una es el tipo de actor que es Cambiemos. Para mi es una coalición electoral que se convirtió en coalición de gobierno con las características antes marcadas. Además, porque cada actor mantiene su autonomía y procesos propios. No veo a la UCR fusionándose con el PRO en un partido como hicieron Recrear con Compromiso para el Cambio en agosto del 2009. Cada uno tiene sus órganos, su funcionamiento partidario, sus autoridades, sus propias estrategias, sus ideas, incluso. La Coalición Cívica - ARI no escapa a esta lógica. Tampoco el Partido FE ni los partidos provinciales que se han sumado a Cambiemos en este tiempo. Encuentran puntos en común, si. Pero no reniegan ni descreen de sus particularidades.

Por ahí tenemos una imagen errada de lo que son o fueron los partidos políticos argentinos. Tendemos a ver los partidos latinoamericanos con el prisma de los partidos europeos, y eso es un error. Son actores distintos. En Argentina siempre pensamos en los dos partidos mayoritarios como partidos nacionales. Pero PJ y UCR en su interior tienen dinámicas de funcionamiento coalicionales. No es lo mismo el PJ bonaerense que el salteño, el santacruceño o el mendocino, ni la UCR de la Ciudad de Buenos Aires con la de Santa Fe, Jujuy, Neuquén, Río Negro o Tucumán. Ahí coincido con Marcelo Escolar: la ilusión de la nacionalización de los partidos que llegó con la victoria de Raúl Alfonsín tapó lo que los partidos argentinos siempre fueron: actores construidos desde anclajes provinciales o territoriales muy diferentes entre sí pero coordinados a nivel nacional. Bueno, las coaliciones son eso.

Hay cierto sentimiento “cambiemita” como lo llama Julio Burdman, pero eso no niega que sea una coalición armada por partidos políticos con nombre propio. Un modelo del cual aprender puede ser el Frente Amplio o la Concertación: ambos avanzaron hacia cierta forma de institucionalización o consolidación del acuerdo y duraron décadas. Hoy tenemos algunos indicios de eso en Cambiemos: puede verse en las instancias de diálogo y coordinación internas que se han construido en este primer año y medio de gobierno. Tanto para tomar decisiones como para competir en elecciones. Bueno, es un proceso. Y todo proceso tiene etapas. Si Cambiemos se armó por etapas, también puede consolidarse por etapas.

Ahora, lo segundo para mencionar es que si Cambiemos se consolida como coalición, no necesariamente rompa la división peronismo-antiperonismo existente. Al contrario: puede reforzarla. Se vieron en las elecciones pasadas. El que no se identificó como peronista o antiperonista/”cambiemita”, se lo llevó puesto el colectivo en la avenida del medio. Lousteau y Massa son ejemplos. Pero también las derrotas del MPN en Neuquén o la caída de Frente Progresista en Santa Fe al tercer lugar.

Yo, igual, veo que Cambiemos es ambivalente en esta construcción discursiva “antiperonista”. Adentro conviven actores como la Coalición Cívica – ARI y la UCR con el Partido FE (de clara impronta peronista) y varios sectores internos del PRO, que vienen del peronismo. Asique sería cuidadoso con una definición tan tajante. Para afirmar eso, tendríamos que preguntar cuántos votantes peronistas (ya sea por tradición, mandato o identificación ideológica) votan candidatos de Cambiemos. Más de una sorpresa puede haber. De hecho, en el 2015 muchos candidatos a gobernador (Gerardo Morales, entre ellos) compitieron contra candidatos peronistas incluyendo peronistas en sus coaliciones provinciales.

Volviendo al punto anterior, ¿por qué no sería una recreación del viejo bipartidismo la recreación de la competencia por coaliciones?

Es que en realidad si lo sería. Pasaríamos de una lógica bipartidista a una lógica bipolar. La primera se da por dos partidos. La segunda se produce cuando hay más de dos partidos o actores en cada polo. Sería bipolar coalicional, por llamarla de alguna manera. Las PASO 2017 mostraron un avance de esta dinámica, rompiendo la competencia a tres bandas característica de todo el 2015. Pero como a seguro se lo llevaron preso, mejor esperar a ver cómo evoluciona la competencia. Y sus actores.

Pasaríamos de una lógica bipartidista a una lógica bipolar. La primera se da por dos partidos. La segunda se produce cuando hay más de dos partidos o actores en cada polo.
En el escenario local, las primeras coaliciones que se presentaron en el país fueron de izquierda o centroizquierda. ¿Por qué crees que no tuvieron casi protagonismo en esta elección?

Creo que por lo que mencioné antes. La lógica bipolar se llevó puesto a los que se quedaron esperando en la avenida del medio. En estas elecciones, hubo una intención de parte de Cambiemos de nacionalizar la elección. “Estas con nosotros o con el pasado”. De parte del peronismo, de provincializarla. Cada gobernador peronista intentó revalidar su posición interna de poder para dirimir liderazgo nacional a futuro. En esta tensión entre los dos principales actores, se deglutieron a los demás. Pero eso no significa que hayan desaparecido. En la Ciudad de Buenos Aires pasaron el filtro del 1,5% dos actores de izquierda: FIT y el siempre querido por los porteños, Luis Zamora con Autodeterminación y libertad. También se verá la presencia del FIT en 21 distritos en octubre.

Otra vez, nos tomaron por sorpresa las elecciones. Uno esperaría que en una legislativa de mitad de mandato el ciudadano vote según sus preferencias y no tanto por quién tiene más capacidad o imagen para gobernar. En estas elecciones desdobladas de mitad de mandato, el voto suele fragmentarse y no concentrarse tanto. Bueno, pasó al revés. La concentración fue la norma, y en los dos actores principales. Como que vamos a contramano.

Para terminar ¿qué escenario ves de cara a la elección de octubre?

Veo dos elementos principales. Primero, que las preferencias electorales no cambiarán tanto. Puede haber algunos distritos donde los votos de los partidos que no superaron el filtro se redirijan hacia los restantes, pero en porciones marginales. Las provincias donde puede haber migración de votos son las más mediatizados, como Ciudad de Buenos Aires o Provincia de Buenos Aires. Pero, de vuelta, no en porciones grandes. Porque siendo una elección legislativa de mitad de mandato los incentivos son menores para que haya transferencias entre candidatos o listas que, por ejemplo, en una primera vuelta presidencial después de una PASO, o en un ballotage.

Segundo, las provincias que ponen en juego pocas bancas por tener magnitudes chicas no tendrán muchas novedades. O Cambiemos o el peronismo local saldrán primero o segundo, sin muchas alteraciones respecto de los resultados de las PASO. Eso llevará a que el aumento o pérdida de bancas de cada uno en el Congreso no sea grande. Cambiemos puede llegar a superar los 100 diputados propios y ampliar su cantidad de Senadores, llegando tal vez a los 24 senadores y romper la mayoría calificada del peronismo. Pero seguirá siendo un gobierno de coalición minoritario. Corre con una ventaja única: un peronismo dividido por el liderazgo nacional y también por sus liderazgos provinciales.


15 agosto 2017

¿Pero qué catzo PASÓ?

Nota antes de enfrascarse: el plural no es adrede. Hoy dejamos de lado la esquizofrenia y somos dos los escribimos. Ella, sin embargo, tendrá que pensarse un personaje. Sugieran por Twitter.

Bueno, ¿arranca o no arranca? Seguimos buscando respuestas para la pregunta titular. Hace algunas semanas Leviatán se metió a ver cómo se había organizado la oferta electoral de cara a las PASO que se celebraron el pasado domingo 13 de agosto. Acá pueden ver parte de lo debatido. Ahora con el diario del lunes no solo tenemos alianzas jurídicamente reconocidas: también tenemos datos electorales. Del escrutinio provisorio, bueno…95% es algo.

Mientras escribimos estas líneas hay funcionarios desfilando por los medios y en ruedas de prensa tratando de sacar alguna conclusión de las elecciones del domingo. ¿Se puede? ¡Claro! Si hasta La Pampa mostró que en la estabilidad hay lugar para conclusiones preliminares.

Nos agarramos de las siguientes declaraciones. El honorable Jefe de Gabinete lanzó dos perlas: “Nos apoyaron más argentinos que en 2015”. Bueno, eso es relativo, colega politólogo. La pregunta no es “cuántos”, sino “dónde”. La otra: “la única fuerza nacional es Cambiemos”. Bueno, eso también es para escribir. Que el Peronismo (referenciado en esta nota con la sigla FPV/PJ) haya retrocedido, esté desarticulado, sin liderazgo y sin coordinación entre sus elites no implica que la fuerza predominante ahora pase a ser una sola no peronista. Herminio hubo uno solo.

Las otras dos puntas de las que nos agarramos son las notas publicadas por Marcelo Leiras y Julio Burdman en sendos diarios y sitios web. Ambos coinciden en que Cambiemos está en la vía de la nacionalización de sus apoyos electorales. El primero mantiene la idea de que es una coalición. El segundo de que pasará inevitablemente a un partido político “cambiemita” por el factor aglutinador de su discurso y su posterior conversión en ideología partidaria. Coincidimos más con Marcelo. Pero esta distinción teórica quedará para los próximos días. Cuando los datos bajen y la teoría nos haga reflexionar hasta el octubre rojo.

Vamos a los bifes.

¿Qué datos nos deja el domingo?

No volvió el fútbol. Y al rugby se juega los sábados. Así que hoy analizamos la evolución del total de votos de Cambiemos y FPV/PJ en todo el país comparando las elecciones PASO 2017 para diputados nacionales con las presidenciales a tres vueltas en 2015: PASO, primera vuelta y ballotage (LPO hizo algo parecido solo con primera vuelta y Animales Sueltos divagó anoche sobre el tema). Esto tiene alguna tirantez metodológica para nosotros los politólog@s, pero vamos a dar nuestros argumentos de por qué elegimos así.

Primero, comparamos elecciones legislativas con ejecutivas nacionales porque consideramos que la campaña 2017 de las primarias tuvo la intención de nacionalizarse por parte del oficialismo, tal como fue escrito en otro sitio. De esa manera, podemos ver apoyos ciudadanos a los candidatos de Cambiemos en comparación con la principal fuerza opositora (FPV/PJ). Segundo, porque ambos actores existieron como tales solo en las elecciones 2015, no así en las legislativas 2013. De modo que ahí sí nos mandaríamos un moco metodológico más grave.

A continuación dejamos dos tablas, una para cada coalición electoral legislativa (Cambiemos y FPV/PJ). Incluimos:

1) una clasificación de las provincias descripta en la nota anterior sobre las PASO;
2) si hubo competencia interna en cada distrito o no;
3) en caso de que sí, cuántas listas;
4) los valores totales de votos para las cuatro elecciones mencionadas (PASO 2017 vs. PASO presidencial; vs. primera vuelta; vs. ballotage 2015)[1]. En color marcado donde se ganaron votos para cada una; y
5) las provincias donde cada coalición electoral salió primero/gano en las cuatro elecciones analizadas, marcado en color correspondiente.

Tómese unos minutos y saque conclusiones. Nosotros seguimos abajo y vemos si coincidimos.




Vamos nosotros ahora.

Cambiemos aumentó el total de votos obtenidos en 21 provincias si se comparan con las PASO 2015, en 15 si se la comparan con primera vuelta y en 1 sola si se la compara con ballotage. Adicionalmente, en este 2017 fue la primera fuerza en 11 provincias (casi la mitad del país): 3 provincias de Alto peso electoral, 3 de Medio y 5 de Bajo peso. Actor metropolitano/bonaerense hoy, mis polainas. Así arrancó en 2015, claro. Pero aprendieron a durar viendo a sus antepasados López Murphy, Fernando “Pino” Solanas, De Narváez y Ricardo Alfonsín. Incluso de los contemporáneos Sergio Massa y Elisa Carrió.

Hay tres casos simbólicos. Santa Cruz fue la única provincia donde viene sumando votos desde las PASO 2015 hasta las PASO 2017 sin perder uno solo. En San Luis lograron desplazar del primer lugar al PJ de la hermandad histórica de Rodríguez Saá, al igual que en La Pampa de los Verna, Jorge y Marín. Igual le pasó al Nequén del MPN. Esto muestra un proceso de crecimiento hacia las provincias periféricas y más alejadas del AMBA, donde nació PRO y donde se juntó con UCR, CC-ARI y amigos. Es por acá, Marcos.

En los distritos metropolitanos de Alto peso electoral donde ya había hecho pie en 2015 (CABA, Provincia de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Mendoza) no tuvo tanto crecimiento en términos de votos totales. De hecho, en los cinco distritos perdió votos si se comparan PASO 2017 vs. primera vuelta presidencial 2015. Pero de las mencionadas, solo en Santa Fe cedió el primer lugar al FPV/PJ. Consolidar lo logrado y extenderse hacia los campos. Salir del departamento en la General Paz rindió.

La contracara parecería ser el mundo de la confederación de partidos provinciales que es la coalición FPV/PJ hoy en día. Si repetimos la comparación de votos hecha anteriormente, da lo siguiente: aumentó sus votos totales en 4 distritos si comparamos vs. PASO presidencial 2015; en 6 si lo hacemos con primera vuelta; y en 1 vs. el ballotage. Este último, sin embargo, es una picardía de investigador: es San Luis y toma en cuenta al peronismo local en 2017.

Las provincias en las que obtuvo el primer lugar se distribuyen de la siguiente manera según impacto electoral: 1 de Alto peso (la ¿recuperada? Santa Fe), 4 de Medio peso y 7 de Bajo peso. Comparando con Cambiemos, no solo hubo retroceso sino que quedaron relegados a las provincias que menos chances tienen de poder reinclinar la balanza de la bipolaridad competitiva hacia su favor. Para colmo de males, el FPV/PJ de La Matanza no se parece tanto al de Salta o Tucumán. La descoordinación aflora.

Hay pérdidas llamativas de votos que se relacionan con la estrategia electoral definida en Provincia de Buenos Aires, Chaco, Córdoba, Tierra del Fuego y Salta[2]. En estos cinco distritos el PJ fue separado del FPV en listas distintas y la proporción perdida fue considerablemente elevada. El precio pagado se ve. Y no es inflación. Aprendieron de la UCR: la fragmentación del FPV/PJ, como la de la de los “radicales” allá por el 2003, está territorializada. Nuevo huérfanos, vaticina Juan Carlos Torre. Nagasaki, dicen @PabloTouzon y @Tintalimon.

¿Qué hacemos estos dos meses?

Esperar. Calmar la ansiedad. Los resultados electorales del domingo no dicen mucho. Tampoco dicen nada. Son información. Que, tal como dice Julia Pomares, ayuda a partidos, candidatos, dirigentes y electores. Y coincidimos.

Ahora, ¿qué dicen? Dicen que Cambiemos hizo las cosas bien para nacionalizarse como coalición electoral competitiva. Logró romper la barrera de algunos distritos imposibles para otras experiencias de acuerdos entre partidos no peronistas. Además, salvo el mediatizado caso de CABA, mantiene a sus socios originales y la convivencia es buena. Los recursos del Estado ayudan a unir y mantener. O, como en el caso del FIT, la organización y la ideología: no es nada despreciable superar la barrera del 1,5% en 21 de 22 provincias donde compitieron en este turno 2017.

Quien paga los platos rotos de una unión que parece contranatura (pero dura) es el Peronismo. Como no podría ser de otra manera para nosotros argentinos, la bipolaridad implica que uno pierde lo que el otro gana. Barajar y dar de nuevo puede evitar una depresión de largo plazo. O a seguir yendo al bazar a buscar platos en promoción.

Porque solo eso pasó. Pasó una PASO. Pero que PASO.




[1] Para las PASO 2017 utilizamos el escrutinio provisorio (pero la ansiedad es más fuerte). Para las elecciones del 2015, sin embargo, se toma en cuenta el definitivo.
[2] En cuatro de los cinco casos mencionados se tomaron en cuenta los votos totales obtenidos en la PASO 2017 de las listas referenciadas con el FPV antes que con el PJ: Unidad Ciudadana (Provincia de Buenos Aires), Frente Córdoba Ciudadana (Córdoba), Frente Ciudadano y Social (Tierra del Fuego) y Frente Ciudadano para la Victoria (Salta). En el caso de Chaco también hubo lista “kirchnerista” (Unidad Ciudadana) por fuera del PJ local pero se tomó en cuenta al oficialismo provincial de “Chaco Merece Más”. Si hubiéramos tomado en cuenta las listas “peronistas” asociadas al PJ provincial, la pérdida de votos no hubiera sido tan alta para los casos de Córdoba (Unión por Córdoba obtuvo el 2° lugar) y Salta (Frente Unidad y Renovación obtuvo el 1° lugar). En cambio, en Provincia de Buenos Aires y Tierra del Fuego el “kirchnerismo” salió mejor ubicado que el “peronismo”. En Chaco ganó el PJ oficial, e igualmente la pérdida fue considerable. Hubiera sido mayor si contabilizábamos votos de “Unidad Ciudadana” (3° lugar con el 7,18% de los votos en el distrito). Linda ensalada.

13 julio 2017

Un Perfumo para las PASO


Porque salieron a tirarle con todo. A los tobillos. A las rodillas. Con el punto que más impacta en el humor popular: su costo. En las últimas semanas las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) recibieron patadas y manotazos en distintos lugares y de distintos jugadores. Arrancó la Tribuna pidiendo el cambio. Acá las castigaron. Acá las tirotearon. Acá y acá les arrancaron parte de la camiseta.

Las PASO necesitan un Perfumo (aclaración para desmemoriados y no conocedores). No es solo un defensor, sino uno que parezca que son varios. Uno que lo haga con calidad. Que dé el pase justo para el contrataque. Que habilite a los delanteros.

En el momento indicado de esa necesidad, Leviatán se puso a hablar con Doña Rosa. Se cruzaron en la vereda. Hacía meses que no pasaba. Arrancó el peloteo de siempre. Doña Rosa que escuchó a la Tribuna. Leviatán que se quedó pensando. Paró la pelota. Juntó los datos. Y se puso a armar la defensa. Como es de costumbre, tiene que hacerlo de manera estructurada.

¿Qué hay que defender? Desde hace 6 años que rige un sistema único a nivel mundial: hay PASO para todos los cargos nacionales de nuestro sistema político (algunas provincias han imitado el sistema para sus cargos provinciales). La propia sigla lo describe.

Por primaria se entiende una instancia previa a la elección general: hay un momento en donde los ciudadanos eligen quiénes van a competir por los cargos y quiénes tienen que esperar (o buscar otro lugar). ¿Qué ciudadanos? Como son abiertas, todos los electores habilitados para sufragar en una elección pueden votar en las primarias, independientemente de si son o no militantes de algún partido político específico. Este proceso es simultáneo para todos los actores políticos: en un mismo día todos coinciden en la definición de sus candidatos. Y es obligatorio tanto para los partidos o coaliciones que quieren competir en la elección general (quien no va a la primaria no puede competir después) como para los ciudadanos (votar es un derecho y una obligación).

Hay dos argumentos a favor de esta herramienta: uno de estrategia político y otro liberal-republicano.

El argumento de estrategia política. El Estado le brinda la posibilidad a, y facilita el financiamiento para que, los partidos políticos y las coaliciones electorales diriman sus candidaturas a cargos públicos en un mismo día, todos juntos y con las mismas reglas. La clave es esta: da una oportunidad. Esto no quiere decir que todas las fuerzas políticas estén obligadas a hacerlo, sino que pueden, si es que quieren y si lo acuerdan. Es hasta medio vueltero: los políticos tienen que acordar ir a internas porque no acuerdan ir en una misma lista o fórmula electoral. Qué ironía.

Piénsenlo de esta manera. Si en una provincia X un dirigente o un grupo de ellos no está de acuerdo en reiteradas oportunidades con l@s candidat@s elegidos por el liderazgo local del partido, tiene/n tres opciones: no militar la elección, formar un nuevo partido con sus propi@s candidat@s (la ley es permisiva para esto) o, peor aún, dejar de militar en política. Las PASO amortiguan esta secuencia. Perfumo corta y habilita.

El argumento liberal-republicano. Que el Estado brinde estas posibilidades para todos por igual cuestan recursos públicos. Fondos. Aportes de contribuyentes. Dinero. Guita. Y está bien que así sea. Una politóloga y profesora del federalismo bentonista suele decir que la democracia cuesta. Que para que se sostenga, el Estado tiene que invertir en ella. Si con la democracia se cura, se come y se educa, se tiene que poder elegir quiénes deciden eso por nosotros. Tiene su costo. Y esto también está bien que así sea. Perfumo despeja con categoría.

Acá vuelven las patadas. Porque las notas antes linkeadas generan dos preguntas que intentaremos responder con gráficos, colores y números. La primera: ¿son utilizadas las PASO en pocas, algunas, varias o casi todas las provincias del país? La respuesta es en más de la mitad. La segunda pregunta: ¿cuáles son las condiciones que facilitan o incentivan que un partido político o coalición electoral decida dirimir la disputa interna por candidaturas en la primaria y no acuerde lista única? La respuesta es que no queda claro, pero que hay un indicio de esas condiciones facilitadoras.

Vamos por partes, Don Jack.

¿Se usan?

Si. En la mitad de las provincias, al menos. En el próximo gráfico se pueden ver algunos datos iniciales. Antes de que ladren: de acá en adelante, todo fue armado tomando en cuenta solamente las tres principales coaliciones electorales legislativas que competirán en las PASO 2017[1] (vayan a la cita al pie). 
  



La tabla muestra la información acumulada de las 24 provincias argentinas en lo que respecta a la competencia interna en las tres principales coaliciones legislativas electorales (la ley las llama “alianzas de distrito” pero acá somos más chetos). El promedio es menor para el oficialismo nacional (Cambiemos) respecto de su principal desafiante (Peronismo). El desvío estándar muestra la dispersión de la cantidad de listas respecto del promedio acumulado: es mucho más alto en el PJ porque en algunos distritos compiten 6, 7, 8 (no es a propósito) y hasta 10 listas, y en otros hay unidad. Cada provincia de los compañeros descamisados, un mundo. En Cambiemos es algo más ordenado el nivel de competencia interna. Ya llegaremos al porqué, Doña Rosa.



Tal como se puede observar, en la mitad de las provincias Cambiemos y el Peronismo utilizan las PASO para dirimir las candidaturas a diputados nacionales en este año 2017. Los primeros poco menos de la mitad, los segundos poco más. Esto quiere decir que en más de la mitad del territorio una de las dos coaliciones electorales legislativas principales tendrá disputa interna. Yo diría que es bastante.

En lo que respecta a la tercera coalición, las proporciones son menores: en 3 de cada 4 provincias hay listas de unidad. Para pelear con David y Goliat, mejor organización y verticalidad.

Por acá puede venir otra patada. “Pero de esas provincias, ¿cuántas importan? Si muchas son chicas”. Acá decimos: ojo con eso. Si discriminamos por el peso electoral que tiene cada distrito en el país[2] (esta cita también es importante), entonces siguen importando las PASO. El 66% del electorado nacional (aquellos que residen en las 5 provincias de Alto peso electoral) tendrá al menos una PASO. Esto es que, ya sea en la Provincia de Buenos Aires, CABA, Córdoba, Santa Fe o Mendoza, alguna de las tres coaliciones tiene internas. En las provincias de peso electoral Medio también se da el mismo fenómeno, salvo por Misiones y Santiago del Estero. En las de Bajo peso, solo Formosa, La Rioja, Río Negro y Tierra del Fuego no tendrán PASO en ninguna de las tres coaliciones. De modo que durante la ronda electoral 2017 solo en 6 distritos de 24 (el 25% de las provincias, que representan el 8,96% del electorado nacional) no se usará esta herramienta.

Cuestan, pero mirá como se usan. Perfumo sale tocando. A continuación, las tablas resumen.




¿Bajo qué condiciones se usan?

Esto no está del todo claro. Pero por ahí podemos esbozar alguna idea tentativa, que deberá ser probada en ejercicios posteriores, con más datos y más usos.

Acá se cree que se tienen que dar dos condiciones necesarias pero no suficientes. Para que se reduzcan las chances de que se utilicen las PASO el partido político/coalición electoral tiene que ser 1) oficialismo a nivel nacional y 2) oficialismo en la provincia donde se eligen los cargos públicos nacionales (en este caso, se toman en cuenta solo diputados nacionales). En otras palabras, las PASO son útiles para aquellas coaliciones electorales que no tiene un alto nivel de integración con un liderazgo nacional unificado, alta autonomía de los líderes provinciales con control del territorio local, y escasa integración entre las decisiones de ambos niveles. O sea, la mayoría de las argentinas. Para ellas, las PASO son orden y funcionamiento. Progreso, ya veremos.

Para evaluar esta idea loca, solo se toma en cuenta Cambiemos y el Peronismo. Vuelvan a ver las tablas anteriores. En cuanto al primer caso, las dos condiciones antes enunciadas se presentan solamente en cinco provincias: Buenos Aires, CABA, Mendoza, Jujuy y Corrientes. Santa Fe es el caso gris (“Ni”)[3]. En todos esos casos, salvo Corrientes, en ninguno hay competencia interna en la coalición electoral legislativa. Para todos, lista de unidad.

Esto se contrapone contra la realidad del Peronismo hoy en día. La ausencia de un liderazgo nacional que logre coordinar a todos los distritos y establecer criterios uniformes para definir las candidaturas para diputados nacionales de este turno dificulta. Ja, contate otro. Como dice otro profesor conocido de sacos Oxford, el Peronismo solo se ordena en el oficialismo. Mientras tanto, todos tiran de alguna forma. Los liderazgos provinciales (muchos de ellos, ejercidos por sus gobernadores de turno) dejan hacer a sus candidatos. Y que las reglas digan quién pierde y quién acompaña.

Esta (dura) realidad es bastante diferente de la vivida durante el 2015. Si observamos las tablas de antes, vemos cómo en el año 2015 lo que tiramos como posible en el caso de Cambiemos también aplicó para el Peronismo. En ese entonces, salvo 6 distritos[4], en todas las restantes el Peronismo kirchnerista era oficialismo provincial. De esas 18 provincias, tan solo en 3 hubo PASO: Chubut, La Pampa y Salta. La primera no tiene mucha explicación. En las 2 restantes puede deberse al alto grado de autonomía que tenía (y aún mantiene) el liderazgo peronista local. Perfumo sigue despejando.

Yendo al punto, en el caso de Cambiemos 2017 y del Peronismo 2015 hay algo de sustento para pensar que ser oficialismo en ambos niveles de gobierno (nacional y provincial) ordena la oferta y llama a la unidad. Para todo lo demás, existen las PASO.

Minuto 89. El partido llega a su fin. El debate para el alargue pasa por este lado. El problema no radica tanto en si se utilizan o no. Esto está descartado porque sí ocurre. La cuestión se centra más bien en quiénes son, qué grado de oferta interna permiten los tomadores de decisiones y en el rol que ocupan en el sistema político (si son los actores principales, los del medio o los marginales). Más aún, para el próximo partido: hace falta conocer con mayor certeza las condiciones bajo las cuales se utilizan.

Perfumo al vestuario.


[1] Primera nota al pie de varias. La categoría “tercera coalición electoral legislativa” se construyó teniendo en cuenta aquellos actores partidarios que solos o en coalición electoral están ubicados en el tercer escalón con posibilidades de alcanzar algunos de los cargos en juego. Para definir quiénes ingresan y quiénes quedan afuera, se recurrió a los medios periodísticos provinciales y a la importancia que éstos les asignaron a esas candidaturas.
[2] Les dije que eran varias. Para evaluar el peso electoral de cada provincia, se reunió primero a las 5 provincias grandes/metropolitanas (Buenos Aires, CABA, Córdoba, Santa Fe y Mendoza). La más chica de ellas (Mendoza) representa el 4,25% del padrón nacional. De esta manera, se estableció el siguiente criterio: 4% del padrón o superior, peso electoral Alto; entre 2 y 3,99%, peso electoral Medio; menos de 1,99% del padrón electoral, peso Bajo.
[3] Esto se debe a que la UCR gobierna dentro del Frente Progresista Cívico y Social (FPCyS), junto con el Partido Socialista, la Coalición Cívica – ARI, GEN y otros partidos menores. Parte de la UCR se presenta en las próximas elecciones junto con PRO y aliados dentro de Cambiemos, parte de la UCR se quedó en el FPCyS y otra parte compite dentro del “massismo” provincial (1 Proyecto Santafesino). Conclusión: la UCR se parte.  
[4] CABA (PRO), Córdoba (PJ disidente), Neuquén (MPN), San Luis (PJ disidente), Santa Fe (FPCyS) y Tierra del Fuego (Partido Socialista Patagónico).

26 junio 2017

¿Qué pasa con las #PASO?

Cuando se meten con las elecciones, saltamos todos en Leviatán. La Tribuna había planteado que las PASO cuestan. Y bastante. Pero la discusión no pasa por ahí. Pasa por el motivo por el que se presentaron. La dinámica que generan en partidos y coaliciones, y en el sistema mismo. Y cómo la utilizan sus propios creadores partidarios.
Gracias a Raquel San Martín por la invitación, tiramos algunas impresiones en Ideas La Nación del domingo pasado. Quedó el tema picante y calentito, y sumamos algunos párrafos más.
Abajo el desarrollo, los datos y las bombas. No tendremos una PASO: habrá 24. No tenemos muchos casos: solo hay uno, 2013.
¿Qué pasa con las PASO?

Facundo Cruz (@facucruz), Politólogo, Magíster (UNSAM), Docente e investigador (UBA)

En Argentina nos gusta vivir de elección en elección. A diferencia de la gran mayoría de nuestros pares en el Cono Sur, votamos seguido. Los presidentes renuevan sus mandatos cada cuatro, al igual que los diputados nacionales, y los senadores lo hacen cada seis. El esquema parcial de renovación de ambas cámaras en el Congreso Nacional nos lleva un domingo de octubre cada dos años. No solo eso, sino que además nos gusta meter mano en el armado de las listas de candidatos que van a disputar todos esos lugares, bancas y cargos. Al menos, desde el año 2011.

¿Cómo los elegimos? Desde hace 6 años que rige un sistema único a nivel mundial: las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) para todos los cargos nacionales (algunas provincias han imitado el sistema para sus cargos provinciales). La propia sigla describe el sistema.

Por primaria se entiende una instancia previa a la elección general: hay un momento en donde los ciudadanos eligen quiénes van a competir por los cargos y quiénes tienen que esperar (o buscar otro lugar). ¿Qué ciudadanos? Como son abiertas, todos los electores habilitados para sufragar en una elección pueden votar en las primarias, independientemente de si son o no militantes de algún partido político específico. Este proceso es simultáneo para todos los actores políticos: en un mismo día todos coinciden en la definición de sus candidatos. Y es obligatorio tanto para los partidos o coaliciones que quieren competir en la elección general (quien no va a la primaria no puede competir después) como para los ciudadanos (votar es un derecho y una obligación).

Los analistas políticos, opinólogos y, especialmente, los politólogos nos obsesionamos con este sistema. La cantidad de información disponible para indagar, estudiar, conjeturar, hipotetizar, describir y explicar aumentó al existir una instancia electoral más. Sin embargo, y a pesar de este entusiasmo inicial, hoy en día no podemos llegar a ningún análisis conclusivo sobre el impacto que tienen las PASO sobre la competencia electoral en Argentina. Solo algunos tentativos y provisorios.

Antes de arrancar, un aviso para arruinar el final. El año 2017 es año de renovación parcial legislativa: solo se eligen cargos para el Congreso Nacional, no hay competencia por la Presidencia. Si vemos para atrás, solo tenemos la elección del año 2013 como un escenario institucional similar para comparar. En Ciencia Política dos casos no alcanzan para la conclusión definitiva.

Los efectos y las estrategias

Lo primero que podemos decir es que hay un impacto importante en la oferta electoral; es decir, en la cantidad de listas que se presentan en el cuarto oscuro para que el ciudadano elija. Con datos, hablamos. Por un lado, la cantidad de listas totales que se presentan disminuye. Según datos aportados por Paula Clerici, la cantidad de listas se ha reducido en elecciones legislativas: 231 (año 2001), 284 (año 2005), 272 (año 2009), 256 (PASO año 2013) y 140 (año 2013). El número total baja radicalmente.

También se reduce la oferta de partidos relevantes; esto es, el Número Efectivo de Partidos (NEP). Con esta medida podemos evaluar cuántos son los partidos relevantes a partir de la cantidad de votos que obtienen en una elección. Decimos que mientras más alto es, más fragmentada es una elección; mientras más bajo es, menos. Tomando en cuenta los mismos años, los valores son los siguientes: 3,8 (año 2001, con un mínimo de 2,03 y un máximo de 10), 3,7 (2005, mínimo 1,7, máximo 10), 3,4 (2009, mínimo 1,9, máximo 6,3), 3,5 (PASO 2013, mínimo 1,8, máximo 7,4) y 3,27 (2013, 1,62, máximo 6,22). El número efectivo baja levemente.

Entonces, podemos pensar que la introducción de las PASO reduce la cantidad de opciones reales y relevantes que tiene cada ciudadano en la elección general por dos razones. Primero, porque la propia ley elimina de la competencia a toda boleta que no supere el 1,5% de los votos válidos totales emitidos. Segundo, porque los partidos políticos han recurrido a esta herramienta para construir coaliciones electorales, definir reglas de convivencia y dirimir los espacios entre los actores que las integran. Con lo cual, podemos pensar, hay una coordinación previa que reduce la oferta posterior. Y los electores se comportan conforme a ello.

Lo segundo que podemos decir es que las PASO incentivan una transferencia de votos entre candidatos, coaliciones y partidos hacia la elección general. En otras palabras, los votos del candidato que pierde la primaria no siempre se quedan en el partido o coalición. Aún no existen certezas sobre cuáles son los factores que incentivan este fenómeno, pero sí hay algunos indicios de que esto ocurre. Los trabajos de Ernesto Calvo y Julia Pomares para CIPPEC así lo muestran con la ronda electoral para Jefe de Gobierno en la Ciudad de Buenos Aires y a nivel nacional para Presidente.

De la misma manera con Lara Goyburu, Paula Clerici y el Grupo de Investigación sobre “Coaliciones Políticas en América Latina” (UBA), observamos la transferencia de votos entre PASO y elección general a nivel municipal en la Provincia de Buenos Aires. Esta presunción continúa un trabajo previo donde precisamos que mientras más peleada es la es la elección de candidatos a intendentes municipales bonaerenses en las PASO en un partido, menos chances tiene el candidato a intendente de ganar la elección general. Peleada la primaria, los votos juegan (suponemos) a ganador seguro.

Por último, esta elección (igual que la de 2013) no es una sola: son 24 PASO y 24 elecciones legislativas. Por esa razón, resulta difícil sacar una sola lectura con el diario del lunes, única y aplicable a todo el país. Lo que sí podremos hacer será ver qué candidatos y en qué distrito se posicionan para las candidaturas a Gobernador o Presidente para 2017. Tomando ejemplos del 2013, las primarias operan de dos maneras.

Por un lado, si hay una única candidatura acordada, aportan información certera a la coalición o partido político de cuántos votos pueden obtener en la elección general. Más precisa que una encuesta. Esta información puede ser útil para (re)calcular estrategia, fortalecer la campaña en zonas específicas y ampliar apoyos informales con otros actores políticos que queden relegados. Clave para una elección legislativa peleada, como ocurrió con Sergio Massa en la Provincia de Buenos Aires o Julio Martínez en La Rioja.

Por otro lado, también dirimen una disputa interna entre distintas líneas dentro de una coalición o partido, y consolidan un único candidato. Al menos, eso intentan. Como ocurrió con Martín Lousteau en la Ciudad de Buenos Aires, con Oscar Aguad y Juan Schiaretti en Córdoba o con Eduardo Costa en Santa Cruz.

Vuelta al inicio. Este 2017 solo lo podremos comparar con el 2013 anterior. En definitiva, esto es lo poco que sabemos. Poco podemos comparar. Poco podemos concluir. Algo podemos decir. Desde este mismo domingo y por varios más.