21 marzo 2017

Cambiemos, elecciones y Doña Rosa

Ya en ediciones anteriores habíamos anticipado que había que calentar motores. Se venían elecciones. De todo tipo. Y todo el tiempo todos están hablando de elecciones. Hasta el punto de que son demasiadas para algunos. Nos volvemos troskistas.
Pero esos son ellos. Aburridos. Nosotros, vivimos de elecciones. Asique en esta oportunidad juntamos algunas apariciones públicas. Unas con cara y camisa. Otras, con texto.
Primero se viene una serie de videos del programa #AzzaroAlHorno de (¿¿¿a que no saben???) Flavio Azzaro. Ahí el intruso de estas tierras compartió mesa con Gustavo Marangoni y Raúl Aragón. Cambiemos, el gobierno, las elecciones, las encuestas, las chicanas, los errores, los aciertos, los futuros (porque no hay uno solo), el fútbol. Todo en una hora y media explosiva radiotelevisiva.
Lo segundo es una entrevista de los amigos de Argentina Elections sobre el funcionamiento de Cambiemos como coalición. La original está acá. Gracias al enorme Javier Tejerizo, otro obse electoral.
Doña Rosa, luego no se queje. Tiene de todo.


“La UCR no​ necesariamente​ ​será​ fagocitada por el PRO”, Facundo Cruz

Entrevistamos a Facundo Cruz, Magister en Análisis, Derecho y Gestión Electoral y docente en la UBA, para hablar un poco de coaliciones y concretamente de Cambiemos. El rol de los miembros, el futuro de la UCR, quien sucederá a Macri, son algunas de las cuestiones que nos responde.
A partir de los estudios que realizan en el Grupo de Investigación en Ciencia Política (GICP)​ Coaliciones Políticas (UBA)​, ¿es Cambiemos una coalición de gobierno?
Consideramos que Cambiemos es una coalición de gobierno sui generis, novedosa en lo que respeta América Latina, en la cual hay una marcada distribución de funciones. Tendemos a pensar a las coaliciones en un sentido más tradicional y clásico, donde solo se ve la distribución de cargos ejecutivos entre socios. Más allá del reparto de  los ministros​, secretarias, direcciones y empresas estatales, observamos​ hoy en Cambiemos​ una diferenciación del rol de cada aliado marcada por la desnacionalización de los escenarios de competencia partidaria y en el cual se necesita un alto grado de coordinación política.
​Producto del debate al interior del grupo, hace algunos meses publicamos junto a Lara Goyburu en Ideas La Nación un primer esbozo respecto a qué tipo de coalición representaba Cambiemos. Básicamente planteamos que cada actor cuenta con una función particular asignada dentro de la coalición y los datos acompaña​n​ esta presunción. Mientras que el PRO concentra las decisiones ejecutivas​,​ la UCR aporta apoyo legislativo y presencia territorial, la Coalición Cívica transparencia y ​presencia ​metropolitana​,​ y Fe apoyo sindical. Cambiemos está formada por ​partidos políticos y actores con determinadas funciones, con​ recursos ​ compartidos​ para objetivos de gobierno comunes​. Cada uno ​trae algo​ al acuerdo que el otro no tiene​.
Gráfico de distribución de carteras ministeriales, de bancas en el Congreso Nacional y de intendencias.

Mencionaste la desnacionalización partidaria, ¿qué impacto tiene concretamente?
Los partidos políticos que integran la coalición no tienen presencia activa en todo el territorio nacional de manera homogénea, algunos son importantes en algunas provincias, otros en otras. El Pro, la Coalición Cívica y FE son partidos de orden nacional, pero no fuertemente extendido a nivel territorial. Entonces lo que tenemos son actores que tienen presencia jurídica pero no fuerza real extendida homogéneamente en todo el territorio.
Asimismo, además de que en la Argentina los partidos políticos no tienen la misma penetración y presencia en todo el país, se le suma que las reglas electorales hacen que las coaliciones que se forman no sean congruentes. En cada provincia hay distinta cantidad de partidos y la fragmentación es diferente. En ese escenario, esas alianzas tienen que consensuar candidaturas. En estos escenarios, como el argentino, la clave para ganar elecciones y gobernar es formar coaliciones multinivel. El desafío es que duren.​
No sería lógico que los partidos buscaran nacionalizarse
Penetrar y mantenerse en el tiempo cuesta décadas, el único miembro de la coalición que tiene presencia homogénea en todo el país es la UCR y es un partido que tiene más de​ 100 años, mientras que el resto de socios en su mayoría nacen con la crisis del 2001​ o después.
Penetrar y consolidar se encuentra muy asociado a tener cargos públicos, observamos una tendencia al multipartidismo en distritos con grandes centros urbanos; mientras que en provincias que no los tienen prevalece el bipartidismo con poca alternancia, donde pesa más las formas tradicionales de hacer política ligadas al control territorial y recursos públicos rentistas.
​Esto está institucionalmente guiado y no va a cambiar: en las provincias grandes se reparten muchos cargos legislativos nacionales, mientras que en las chicas pocos.​ Por eso se ​​puede pensar​ que la UCR no​ necesariamente​ ​será​ fagocitada por el PRO​.​
​E​s más puede ganar sin perder identidad​. Hoy en día ​continúan los encuentros​ partidarios​ municipales, provinciales y nacionales​. Los intendentes y gobernadores​ se reconocen como radicales​, aunque tengan diálogo asiduo con referentes del PRO​. Acá también se ve una lógica de funcionamiento coalicional: cada uno mantiene su identidad y sus propios recursos. Así funcionan la mayorías de las coaliciones en los países latinoamericanos y europeos.​
Pero esto puede entonces traer conflictos en los armados subnacionales
Requiere de un alto grado de coordinación política para la toma de decisiones, ya que las decisiones del armado nacional deben contemplar su impacto sobre el de las provincias y los municipios. Asimismo, como mencionamos las reglas electorales derivan en que las coaliciones que se forman no sean congruentes en todos los distritos.
Por ejemplo, para la UCR en Santa Fe uno de los principales objetivos de su presidente, José Corral, es avanzar en el armado de Cambiemos en la provincia; mientras que CABA es más difícil el acuerdo por la presencia de un el actor competitivo, como es Martín Lousteau, hace que la UCR tenga más incentivos para presentarse​ por fuera​ y ganar.
Lo importante es que a pesar de ciertas diferencias y socios distintos en cada distrito, esto no ha afectado la gobernabilidad y son más los acuerdos​ que las disidencias. A esto se le suma una buena relación bilateral del Gobierno nacional con los gobernadores peronistas, facilitado por la falta de un líder en el espacio que deriva en pocos incentivos para coordinarse. Recién pasadas las elecciones legislativas de medio término, que cristalizará el peso de sus integrantes, dentro del PJ se abrirá el debate por el liderazgo nacional.
Hablando de las próximas elecciones ¿las candidaturas de este año podrían traer complejidades para Cambiemos?
Cambiemos aprendió a convertirse en coalición y a pesar de ciertas tensiones entre los socios, aún no pasó por una gran crisis que normalmente se da con la salida de un Ministro de alguno de los partidos que la integran (el caso de Prat Gay no afectó porque no era un miembro de ningún partido en particular). Por lo que la regla de distribución de candidaturas será similar a la consensuada para las elecciones 2015. UCR tiene fortaleza distrital, con lo cual en la mayoría de los distritos sus dirigentes encabezarán las listas; PRO y CC-ARI tendrán mayor presencia en los grandes distritos metropolitanos; el resto​ de los aliados distritales​ sólo donde tengan peso o candidatos competitivos.
Cada uno de los miembros tiene claras sus limitaciones. La gran discusión probablemente se dará cuando haya recambio, ​cuando ​disputan poder,  ​cuando haya ​competencia y ​cuando ​la reelección ya no sea una opción, ¿a quién le toca?
¿Quién encabezará las fórmulas ejecutivas en ese momento?​ Sobre todo en Provincia y Ciudad de Buenos Aires, y en Nación. Ya algo de este debate se ve ahora en la definición de las candidaturas para Corrientes. Puede ser un anticipo. Cada provincia es un mundo distinto, y tiene su lógica y su funcionamiento particular.​
De todas maneras, ​a nivel nacional ​las PASO son una gran herramienta para solucionar estos potenciales conflictos, los miembros tratan de llegar a consenso para presentar lista única y donde no puedan van a PASO.


13 febrero 2017

#NuevosPapeles Calentando motores: versión 2017

Largaron. Arrancaron. Comenzaron. Dispararon. ¿Empezaron?
Recién va tomando forma. Pero recién recién. Como todos aprenden de Netflix, todas las series tienen una nueva temporada. La de #Elecciones2017 se inauguró ahora. Con una nota en Nuevos Papeles, amigos de distintos lados. Más que nada para ordenar la jungla. Los animales. Ubicarlos en sus ramas, lianas y lagos.
Dos de esos animales despuntan. El gorila y el león. A ver si descubren cuál es cuál.
El resto, acompaña. La pelea es entre grandotes. Y cada uno tiene distintas formas de encarar la selva.
El original, por acá. Gracias a Jesús Rodríguez y Esteban Lo Presti por el espacio.

Calentando motores: versión 2017

Facundo Cruz (@facucruz), Politólogo, Docente e Investigador (UBA)

#Elecciones2017. Lanzaron una nueva temporada. Como cada dos años. No es una historia que se repite dos veces, primero como tragedia y después como farsa…es la misma de siempre. Primero gana un Presidente las elecciones. Dos años después tiene sus elecciones de mitad de mandato. Nunca se descansa.

La versión 2017 tiene algunas particularidades aptas para unos párrafos. Todo sea para fomentar el debate cafetero.

Lo primero para indicar es que el objetivo de las elecciones legislativas de este año es diferente, de acuerdo el actor que se mire. Por un lado, tiene componentes de plebiscito para el gobierno de turno, liderado por la coalición Cambiemos. Plebiscitar la gestión implica que el Presidente Mauricio Macri juega pero no juega. No es esquizofrenia ni histeria. Juega porque sus candidatos impulsarán un discurso de apoyo a las medidas oficialistas. No juega porque su nombre no aparecerá en ninguna boleta de ninguna categoría para ningún cargo en juego. Él se queda en el sillón.

Por otro lado, tiene componentes de ordenamiento de la oposición al gobierno de turno, especialmente para el Partido Justicialista. El PJ dirimirá liderazgo interno, catapultando a quienes pueden entrar en carrera para el 2019 y a quienes se les recomiende, mejor, quedarse en sus provincias, seguros.

Estos objetivos diferenciados, sin embargo, tienen una dinámica de competencia en la que contrastan directamente. La competencia por los cargos no tendrá una dinámica nacional, sino estrictamente provincial, de distrito. Se ponen en juego 127 diputados y 24 senadores nacionales. Ningún Presidente. Ningún Gobernador. Entonces, no hay juego nacional.

Territorio. Territorio. Territorio.

¿Dónde es el contraste?

Si la estrategia de Cambiemos implica plebiscitar la gestión del gobierno, entonces en cada distrito deberán adaptar su discurso e imprimirle cierto sesgo nacional. Tanto en discurso como en propuestas. Y más aún, en sus candidatos.

Para el PJ, en cambio, esta lógica de competencia lo beneficia: cada provincia es un escenario distinto, no implica una competencia entre líderes provinciales. Eso vendrá a partir de noviembre cuando midan votos en asados.

Este cruce entre objetivos partidarios y dinámica de competencia en este 2017 ya puede observarse en los principales actores en juego. Dentro de Cambiemos, para nacionalizar la campaña se ha conformado una mesa de coordinación entre los partidos integrantes del acuerdo. UCR, PRO, CC-ARI y los aliados regionales ya pusieron manos a la obra. Si nos organizamos, ganamos todos: pueden obtener más bancas que las actuales, dado que ponen en juego lo logrado en 2013. De allí la necesidad de consolidarse. Las que tienen por momentos no alcanzan.

La regla de distribución de candidaturas será similar a la consensuada para las elecciones 2015. UCR tiene fortaleza distrital, con lo cual en la mayoría de las provincias sus dirigentes encabezarán las listas. PRO y CC-ARI tiene mayor presencia en los distritos metropolitanos. Cerca de la General Paz. Solo allí tendrá más peso. Partidos complementarios, alianza estratégica le dicen.

Para el PJ, en cambio, la dinámica provincial le ofrece como ventaja postergar el debate por el liderazgo nacional para más adelante, dónde cada uno, pasadas las legislativas versión 2017, sepa con cuánto cuenta para negociar. Cada distrito será un reacomodo de sus partes integrantes, más aún en aquellas provincias donde perdieron el carácter de oficialismo. Por eso, cada vez que abrimos el diario, vemos que el PJ de acá se ordena, el de allá llega a un acuerdo y el de más lejos tiene una nueva figura que nuclea a todos. En Provincia de Buenos Aires se sacan chispas. En San Juan y Salta está todo bien. En Río Negro parece que se amigan.

Muchos pejotas. Ninguna coordinación necesaria (por ahora). Uno de estos puede plantar la piedra fundacional de la reconfiguración. Desde el monstruo bonaerense se pueden llevar todos los flashes. Los titulares. Como en las legislativas de 1987 y de 2001.

Y tal vez, el vacío jugoso del asado.

11 enero 2017

#FinDeAñoBD El primer año de la coalición Cambiemos

Cerramos el año. Pero no lo dimos por terminado. Ahora 2/3 de la ciudad y (casi) una proporción similar de amantes de la Política (con P) están entre sombrillas, lonas, mates, churros y la pelota que se va al agua y no vuelve. Para ellos, dedicado este posteo. Así no se llenan de arena.
El año cerró con un balance amargo para algunos. La economía sigue media a los tumbos. El Gobierno logró capear algunas tormentas, con aciertos y desaciertos. Todos tienen fe. Pero medio que se corta la paciencia. En ese clima espeso, los amigos de Bastión Digital nos invitaron a varios divulgadores de ideas (sic) a tirotearnos con la aldea de alta intensidad que es el análisis político online. Como Leviatán charla seguido con Doña Rosa, qué mejor que describir un poco cómo funcionó el primer año de gobierno de la coalición de gobierno Cambiemos.
Sí, tomamos postura. Tomá mate. Lo que sigue, la yerba.

El primero de la coalición Cambiemos

Las coaliciones también rinden exámenes. No tiene que extrañar: son estudiantes del pasaje de su estado electoral al estado de gobierno. La diferencia con el aprendiz tradicional radica en que no tienen manuales, ni textos, ni clases personalizadas, solamente la prueba y el error, los aciertos y los desaciertos. Esto les aporta un determinado funcionamiento, una dinámica propia.

Y Cambiemos no le escapa a la fecha de finales. En su primer año, la interacción entre sus socios nos brinda algunas pautas y regularidades que vale la pena destacar. Acá me concentro en lanzarlas al debate y plantar postura: Cambiemos es una coalición de gobierno y tiene su funcionamiento particular.

A continuación sus cinco características más relevantes.

1. La distribución de funciones. Hace algunos meses publicamos junto a Lara Goyburu y Fernando Belotti en Ideas La Nación un primer acercamiento a qué tipo de coalición representaba Cambiemos (acá el original). En concreto planteamos que, siguiendo el esquema tradicional de puesta en marcha de una política pública, entre PRO, UCR y CC-ARI se reparten las etapas. Mientras que el primero concentra las decisiones, los dos segundos operan como escudo legislativo. La UCR, adicionalmente, aporta un importante control del territorio a nivel municipal.

Cada partido tiene una función asignada dentro de la coalición. Y los datos acompañan esta presunción. En el siguiente gráfico se puede observar la distribución de carteras ministeriales, de bancas en el Congreso Nacional y de intendencias.

Gráfico N° 1. Distribución de cargos en Cambiemos: gabinete nacional, Congreso Nacional e intendencias.
  



2. El pivot es Macri. Es cierto: todas las coaliciones de gobierno tienen distintas dimensiones o niveles de funcionamiento. Pero la más marketinera, la que más despierta el interés periodístico y popular tuitero diario, es el nivel del Ejecutivo Nacional. El gabinete presidencial concentra la atención (y la tensión) política y así ocurrió durante todo el primer año de examen.

Dos elementos le aportan su dinámica propia. El primero: Mauricio Macri funciona como un pivot en las relaciones con los ministros, en el proceso de toma de decisiones y en la resolución de los conflictos internos. No, no tiene la altura de Tim Duncan. Solamente ocupa el centro de un esquema radial de vínculos con los responsables de formular las políticas públicas: desde allí marca el rumbo, evalúa los aciertos y desaciertos, y resuelve los roces. Un Google Calendar cargado.

El segundo: el Jefe de Gabinete Nacional escapa un poco a esta coordinación. Marcos Peña prefiere concentrar la comunicación del gobierno, tanto la explicación de las decisiones adoptadas como enfrentarse a los críticos micrófonos en momentos de crisis. Si la Jefatura de Gabinete fue pensada como una rueda de auxilio presidencial en distintas tareas, en lo que refiere al control y el seguimiento de la gestión entran en juego sus segundas líneas: Gustavo Lopetegui y Mario Quintana. Son ellos dos los que asisten al pivot en el centro de la llave.

3. Path dependence, o el antecedente de la CABA. Los puntos enumerados anteriormente no son nuevos. Al lector sorprendido, debo decirle que esta tradición de funcionamiento viene de los dos primeros gobiernos del PRO en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Para los desmemoriados, PRO nació como una coalición electoral de radicales, peronistas, demócratas cristianos, ex Recrear e independientes.

Y así gobernó ambos mandatos desde 2007, al menos hasta su institucionalización como partido político. Cada uno de los subsectores integrantes del espacio tenía asignada un área específica de intervención. A grandes rasgos, cultura para los radicales, educación para los herederos de Recrear, y el mantenimiento del espacio público y los vínculos con otros actores políticos para el peronismo. La mayoría y más relevantes de las áreas quedaron en manos de los nuevos ingresantes a la política: coordinación de gestión, recaudación y administración de fondos, salud, desarrollo social y gestión de obras públicas en manos de PRO puros. En este esquema, Macri también funcionaba como pivot central, pero con fuerte intervención de Horacio Rodríguez Larreta (Jefe de Gabinete).

Hoy, no hay nada nuevo bajo el sol macrista.

4. Desgastes legislativos. Como todo gobierno minoritario latinoamericano, el terror de Linz está a la vuelta de la esquina. Durante todo el primer año Cambiemos contó únicamente con el 34% de la Cámara de Diputados y tan solo el 22% del Senado. Para llegar al final, tuvo que lograr dos tareas fundamentales.

La primera fue lograr mantener un interbloque que funcione. En criollo, evitar que se rompa y vuele por los aires. Para ello, resultó fundamental el rol de contención del bloque radical y la buena convivencia con sus pares del PRO y la CC-ARI. La segunda fue la ampliación “a pedido”: para votar las propuestas legislativas del Gobierno Nacional, los líderes legislativos de Cambiemos debieron recurrir al apoyo ad-hoc de bloques peronistas no kirchneristas. Los ganadores de la rifa fueron, en su mayoría, el Bloque Justicialista de Diego Bossio y Una Nación Avanzada, de Sergio Massa.

El balance no es negativo: para un gobierno minoritario, alcanzar poco más del 43% de tasa de aprobación en ambas cámaras de los proyectos presentados es digno de destacar (acá y acá los datos). Salvo los porrazos de ganancias y de la reforma política, la supervivencia legislativa está aprobada. Aunque con desgastes. El año que viene, electoral, puede cambiar la dinámica.

5. El miedo federal. Si el Congreso Nacional funciona con los radicales, el federalismo argentino lo hace con los peronistas. El Ejecutivo Nacional buscó un vínculo de gestión con los gobernadores sin apoyarse en la caja impositiva como instrumento de presión, independientemente de su pertenencia partidaria. También movido por el status minoritario: los gobiernos provinciales (17 de 24) y municipales son en su mayoría peronistas. Y este fue el principal foco de conflicto entre PRO y UCR al interior de la coalición de gobierno.

¿Por qué? Porque los fondos federales son clave para las gestiones provinciales. Las transferencias directas y los acuerdos por obras de infraestructura hacen crecer las popularidades locales. Las gestiones ganan elecciones. Y fortalecen los rivales electorales, tanto a nivel provincial como municipal.

El choque entre la experiencia pasada radical y las nuevas fórmulas políticas del PRO fue motivo de molestia interna. La cuenta no es complicada. Favorecer con recursos públicos a aliados en la gestión pero competidores en la arena electoral puede no ser la mejor estrategia antes de una elección de mitad de mandato. Más aún con los status minoritarios mencionados anteriormente. De allí que Cambiemos deba redefinir el tipo de relación que mantiene con los gobernadores e intendentes, en base a lo aprendido en el primer año de la carrera.

Para evitar que el miedo se vuelva pesadilla (electoral). Y que el segundo año logre más promociones y menos finales.

24 octubre 2016

#IdeasLN Cambiemos, esa coalición de nuevo tipo

Leviatán se demoró un poco. Agenda cargada. Coaliciones de acá y de allá. Como toda construcción política pensada desde una hoja en blanco, este espacio es una construcción colectiva. Ya lo dijo Hobbes (y la imagen del libro es clara). Por eso ya hemos difundido otros artículos en co-autoría.

Toda idea colectiva sale debatiendo. Y así nos pasó con la Gringa Lara y el Bonaerense Fer: empezamos a pensar (¡agárrense!). La Runner Paduis también tiró algunas ideas entre oficinas y postres. Algunas semanas y entremesas después, salió esta provocadora nota. La cocina queda para un off the record pero sí puedo adelantar (sin que me sancionen mis socios) que hace rato venimos pensando que Cambiemos es una coalición. Lo que aún no sabíamos era de qué tipo. Se nos prendió una lamparita (de las de ahorro, porque está salada la factura mensual). Asique tiramos algunas líneas en Suplemento Ideas de La Nación el 2 de octubre del corriente. Acá las gracias son para Raquel San Martín, quien se animó a la idea desde un principio.

Y acá la nota original publicada. Lo que sigue es su reproducción leviatanera. Al final, unos gráficos para sumarle color y nerdismo. Ah, me olvidaba: esto es un digno debate entre Leviatán y Doña Rosa, como los fundacionales de este espacio. Lo único que un hombre no puede cambiar es su coalición…perdón, su pasión.

Cambiemos, esa coalición de nuevo tipo

Facundo Cruz, Politólogo, docente e investigador UBA (@facucruz)
Lara Goyburu, Politóloga, docente e investigadora UBA (@laralin78)
En colaboración con Fernando Belotti (@fer_belotti)

Los presidentes latinoamericanos tienen una pesadilla recurrente: la ingobernabilidad. Para dormir tranquilos, recurren a numerosas estrategias: suman aliados, reparten cargos, presentan iniciativas conjuntas con otros actores políticos y satisfacen demandas postergadas. Los presidentes amplían sus familias. Hacen coaliciones. Reparten poder.

La región se ha empapado de estos casos: Brasil, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Uruguay. Argentina, ¿desaprobó en coaliciones? No. Hay, y de un nuevo tipo. Aquí proponemos cómo y dónde observarlas.

Una visión amplia

Los principales estudios de la ciencia política tradicional sobre coaliciones de gobierno se han concentrado en una visión restringida: observan solamente el reparto de cargos entre los socios de los acuerdos. Peleas más, peleas menos, importa solamente cuánto le toca a cada uno, si es representativo de su peso legislativo y, sobre todo, quién ocupa el despacho del último piso del edificio.

En las coaliciones de gobierno los socios integrantes son corresponsables de las decisiones que se toman, lo que invita a una visión amplia de las coaliciones de gobierno. Más allá de los ministros que representan a cada uno de los aliados, existen dos dimensiones de análisis: la distribución de cargos públicos y las funciones que le competen a cada socio de la coalición.

Con la primera dimensión observamos el reparto de espacios, que puede ser balanceado (equitativo entre los socios) o desbalanceado (un actor concentra la mayoría). Como bien indican Natan Skigin e Iván Seira en una investigación reciente, este reparto no debe concentrarse solamente en los ministros, sino que también importan las segundas, terceras y demás líneas en la estructura de toma de decisiones. Con la segunda dimensión observamos el rol de cada aliado: las funciones pueden estar compartidas entre todos (todo entre todos) o repartidas (algo a cada uno). 

Si se toma en cuenta el proceso de las políticas públicas –en cinco etapas: diseño de la política, toma de decisiones, implementación, control y ajuste de las decisiones–, esta distinción cobra sentido. Algunos pueden encargarse del diseño de políticas y de la toma de decisiones, mientras que otros pueden hacerlo de su implementación y del control. El ajuste posterior puede realizarse en conjunto entre todos (o algunos) de los integrantes del acuerdo.

Ahora bien, ¿en qué condiciones pueden funcionar estas coaliciones? Bajo la conjunción de dos elementos, que se encuentran muy presentes en la Argentina. En primer lugar, cuando los partidos políticos no tienen presencia activa en todo el territorio nacional: algunos son importantes en algunas provincias, otros en otras, y algunos pocos en todas. En segundo lugar, cuando la estructura federal de gobierno requiere de un alto grado de coordinación política para la toma de decisiones públicas. En otras palabras, mientras que el Estado nacional es responsable de una serie de competencias y funciones, las provincias y los municipios lo son de otras. Además, hay responsabilidades compartidas sobre una misma área de política pública.

Resumen: el presidente puede ser muy poderoso y popular, pero necesita de gobernadores e intendentes que implementen las decisiones que se toman en niveles superiores. Sin acuerdo, no hay política. Sin coordinación, no hay coalición. Sin intendentes ni gobernadores, no hay implementación.

¿Qué nos enseña la Argentina?

La Argentina muestra, en principio, que las coaliciones no son tradicionales ni restringidas: son amplias y novedosas. La primera experiencia de coalición de gobierno –la Alianza– quedó a mitad de camino para poder analizarla según este esquema. Pero Cambiemos da la nota justa.

Si tomamos en cuenta el reparto de carteras ministeriales, según datos del Grupo de Investigación en Ciencia Política de la UBA “Coaliciones Políticas en América Latina” PRO mantiene hoy la mitad del gabinete, y la mitad restante se reparte entre los aliados. En este esquema, la UCR obtiene sólo el 15%; un grupo de ministros independientes, el 25%, y la Coalición Cívica (CC)-ARI y otros aliados provinciales, ninguno. Un marcado desbalance al interior del Poder Ejecutivo. Principal función PRO: concentrar la decisión.

Pero si nos movemos de la visión restringida hacia la propuesta amplia, este desbalance ya no es tal, y los socios se ven compensados por una distribución de cargos más equilibrada en otros niveles. En la Cámara de Diputados, PRO y la UCR se reparten en partes casi iguales las 87 bancas del interbloque de Cambiemos (48% PRO, 41% UCR). Ambos representan respectivamente la segunda y tercera minoría en la Cámara baja. Adicionalmente, la CC-ARI (5%) y los aliados provinciales (6%) aportan un puñado de votos. En el Senado, el desbalance juega a favor del radicalismo con la mitad del interbloque (8 senadores), y son 6 los legisladores PRO (38%). Primera función radical: escudo legislativo.

En las provincias, se vuelve a sentir el peso radical en el territorio. De los 5 gobernadores de Cambiemos, 3 son radicales y 2 son PRO puros. Y bajando a nivel municipal, el peso es mayor aún. De las 1.395 intendencias relevadas, 387 (el 28%) se identifican con la coalición nacional. De ese número, el 87% corresponde a la UCR y sólo el 7% a PRO. El 6% restante están gobernadas por aliados vecinales o provinciales menores. Segunda función radical: implementar políticas y control del territorio.

¿Por qué concentrarse en los ministerios para evaluar una coalición de gobierno? En un país con marcada desnacionalización de los escenarios de competencia partidaria y en el cual se necesita un alto grado de coordinación política, las coaliciones de gobierno rompen los conceptos tradicionales e instalan una nueva dimensión de los acuerdos: la distribución de funciones y roles.

Porque evitar la pesadilla de la ingobernabilidad no depende solamente de quién ocupa el despacho del último piso. Sino de quiénes completan todo el edificio.





29 julio 2016

#RedInformación El funcionamiento de las coaliciones en América Latina

El funcionamiento de las coaliciones en América Latina

Los amigos de Red Innovación (@Red_innovacion) siempre están interesados en discutir y conversar sobre (qué otra cosa podría ser) #coaliciones. Por si no recuerdan, ya nos escrachamos digitalmente hace un tiempo en este simpático y académico hangout en vivo. Como nunca paran un segundo, ahora decidieron lanzar su propia revista: #RedInformación. Acá pueden encontrar el número completo.
Nos invitaron a analizar el funcionamiento de las coaliciones en América Latina, con casos exitosos y otros más complicados (tipo marido y mujer). Hecha la intro, en los párrafos siguientes pueden ver el artículo completo. Atentos: hay una idea interesante que puede extenderse a un paper más académico. Siempre lo dijimos: la clave no es solo la cantidad sino cómo interactúan entre sí.

Facundo Cruz (cruzfacu@gmail.com / @facucruz)

A fines de la década del ’80 Juan Linz abrió la Caja de Pandora del debate académico. Desafió y afirmó que el presidencialismo incentivaba la inestabilidad política en la región al generar juegos políticos de suma cero, y producir conflictos entre poderes ejecutivos y legislativos de distintos colores partidarios. Desató un infierno.

Sin embargo, los políticos latinoamericanos olvidaron esa parte del libro. Y sorprendieron: América Latina se acostumbró durante la década de los ’90 y del 2000 a la construcción de coaliciones políticas. ¿El principal objetivo? Presidentes minoritarios que acudían a ampliar sus apoyos legislativos para garantizar la gobernabilidad, implementar su agenda de gobierno y evitar procesos de destitución (como por ejemplo, el impeachment).

Numerosas investigaciones tomaron cuenta de este fenómeno. Grace Ivana Deheza (1998) encontró sobre 123 gobiernos analizados un 56% de gobiernos de coalición. Javier Zelaznik (2001) y Octavio Amorim Neto (2006) continuaron en una línea similar: el primero detectó un 51% de coaliciones en 85 países y el segundo un 73% sobre 106 países analizados. Daniel Chasquetti (2008) hizo lo propio al estudiar 29 coaliciones en 71 casos estudiados.

Una muestra grande, sin dudas. Pero, ¿son todas iguales? Esta amplísima base de datos nos obligan a buscar casos testigos para indagar sobre el (in)correcto funcionamiento de las coaliciones en América Latina.

Dos modelos y dos casos

Las coaliciones son construidas por partidos políticos. Y en tanto organizaciones que construyen y detentan el poder político, las características que tengan estos partidos inciden en los acuerdos que estructuren con sus aliados. En América Latina podemos distinguir y sintetizar entre dos tipos. Por un lado, partidos políticos que tienen una densa estructura organizativa y raíces sólidas en la sociedad. Por otro lado, partidos más débiles en términos de organización y con vínculos débiles con sus representados.

Tendemos a considerar que los partidos políticos del primer tipo construyen sus coaliciones por afinidades ideológicas o programáticas: ideas comunes compartidas y defendidas por todos los integrantes, plasmadas en un plan de gobierno que se lleva a cabo. En cambio, los partidos del segundo tipo tienden a concentrarse más en la disponibilidad de distintos recursos públicos que pueden ser distribuidos entre los miembros del acuerdo en base a cierto criterio político establecido, generalmente, por el Presidente (el “formateador” de la coalición)[1].

Aquí es donde entran los casos. Las coaliciones en Chile (principalmente, la Concertación/Nueva Mayoría) se inscriben en un modelo de gestión interno centrado más en las afinidades programáticas que en la distribución de recursos públicos. Brasil, en cambio, nos acostumbró al segundo modelo: tal como indica Daniel Chasquetti, las coaliciones brasileñas sobrevivieron gracias a las herramientas institucionales y a los recursos públicos disponibles en manos del Poder Ejecutivo nacional.

¿Cómo impactan ambos modelos en la supervivencia de las coaliciones? La clave radica en el gabinete presidencial y su relación con el Poder Legislativo.

Los gabinetes de las coaliciones y el Poder Legislativo

Los presidentes son los responsables de designar sus gabinetes durante el período en que detentan el cargo. Al momento de formar una coalición, pueden seguir dos caminos posibles: tomar en cuenta la relación de fuerzas entre los socios en los órganos legislativos o privilegiar un partido por sobre los demás (generalmente el propio). Amorim Neto (2006) desarrolló un indicador para evaluar en qué medida el gabinete presidencial guarda similitud con la distribución de bancas legislativas o si hay desbalance entre los socios: el grado de coalescencia. Mientras el indicador se acerque más a 1 más proporcional será el reparto; mientras más se acerque a 0 menor será la proporcionalidad.

En el Gráfico N° 1 se pueden ver las 5 coaliciones de gobierno de la Concertación/Nueva Mayoría desde el retorno a la democracia y las 7 que se construyeron en Brasil desde comienzos de los ’90. Los 12 casos son ubicados en el gráfico en base al grado de coalescencia de los gabinetes presidenciales y a la cantidad total de partidos integrantes (ambos indicadores medidos al momento de asunción del Presidente[2]).

Podemos diferenciar entre dos grupos: la tranquilidad azul y el terror rojo. Por un lado, las coaliciones de gobierno chilenas (salvo el caso de Bachelet 2014) se han caracterizado por incluir menos de 5 socios en sus gabinetes y alcanzar 0.75 o más en su grado de coalescencia. Por otro lado, las coaliciones brasileñas siempre han tenido 6 socios partidarios o más, y la proporcionalidad en la distribución de las carteras ministeriales no ha respetado mayormente la relación de fuerzas legislativas (grado de coalescencia por debajo 0.6 o menor)[3].

¿Por qué esto puede ser un problema? Por la combinación de determinados factores políticos y económicos. En situaciones donde hay riesgo de inestabilidad política, crisis económica creciente y partidos políticos que construyen coaliciones en base a recursos públicos antes que privilegiar los acuerdos programáticos, los presidentes encuentran serias dificultades para implementar agendas reformistas, superar las crisis o, incluso, mantenerse en sus cargos. Frente a esas situaciones, es clave que los socios de gobierno no sean tantos y, además, se sientan bien pagados en el gabinete presidencial. El cocktail peligroso puede desatar un infierno.

No es llamativo, entonces, que Collor de Mello y Rousseff hayan tenido que pasar por procesos de impeachment iniciados en el Congreso Nacional. Por su parte, tanto Cardoso como Lula tuvieron que enfrentar conflictos importantes con legislaturas reacias a promover sus agendas de gobierno e, incluso, enfrentarse a pedidos de juicio político: ambos tuvieron que impulsar varias reformas en sus gabinetes para contentar a las fieras (Amorim Neto 2006 y Chasquetti 2008). Llamado de atención para el actual gobierno de Bachelet: la primera vez que la Concertación/Nueva Mayoría amplía el número de socios en el gabinete y ya comienzan a vislumbrarse algunas tensiones[4].

¿La receta perfecta? No existe. La solución óptima es un delicado balance entre una cantidad de socios partidarios estable, que se sientan parte del proceso de toma de decisiones y que acuerden reglas de convivencia que regulen los (potenciales) conflictos entre ellos. Si el objetivo es evitar el terror minoritario, entonces soluciones sobran.

Un matrimonio requiere acuerdos para funcionar. Sino, a juicio.


Gráfico N° 1. Grado de colaescencia y cantidad de partidos gabinetes presidenciales de coalición en Brasil y Chile (1990-2015).


Fuente: elaboración propia en base a Amorim Neto y Coelho (2008), Skigin (2015), Cruz (2016) y Base de Datos de Gabinetes Ministeriales, Grupo de Investigación en Ciencia Política “Coaliciones Políticas en América Latina: Análisis en Perspectiva Multinivel” (Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires, Argentina).

Bibliografía consultada

Amorim Neto, Octavio. 2006. Presidencialismo e Governabilidade nas Américas. Rio de Janeiro: Editora FGV y Konrad Adenauer Stiftung.

Amorim Neto, Octavio y Carlos Frederico Coelho. 2008. “Brasil en el 2007: el desencuentro entre la economía y la política”. Revista de Ciencia Política (Santiago) 28(1): 81-102.

Chasquetti, Daniel. 2008. Democracia, presidencialismo y partidos políticos en América Latina: Evaluando la “difícil combinación”. Montevideo: Ediciones CAUCE, Facultad de Ciencias Sociales (Universidad de la República, Uruguay) y Comisión Sectorial de Investigación Científica.

Cruz, Facundo. 2016. “Volatilidad y competitividad electoral en América Latina. Un estudio exploratorio de seis sistemas partidarios”. Revista Colección, N° 26.

Deheza, Grace Ivanna. 1998. “Gobiernos de coalición en el sistema presidencial: América del Sur”. En El presidencialismo renovado. Instituciones y cambio político en América Latina, editado por Dieter Nohlenr y Mario Fernández B, 151-169. Caracas: Ediciones Nueva Sociedad.

Skigin, Natan. 2015. “Coaliciones al poder: distribución de cargos y dinámica de gobierno. El caso de la concertación de Chile”. Trabajo presentado en XII Congreso Nacional de Ciencia Política, organizado por Sociedad Argentina de Análisis Político (SAAP) y Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo), Mendoza, Argentina, 12 al 15 de agosto.

Zelaznik, Javier. 2001. “The Building of Coalitions in the Presidential Systems of Latin America: An Inquiry into the Political Conditions of Governability”, Tesis Doctoral sin publicar, Department of Government, University of Essex.

Facundo Cruz (@facucruz) es Licenciado en Gobierno y Relaciones Internacionales (UADE), Magíster en Análisis, Derecho y Gestión Electoral (UNSAM) y Doctorando en Ciencia Política (UNSAM). Becario Doctoral Tipo I (CONICET) y docente de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Co-dirige el Grupo de Investigación en Ciencia Política “Coaliciones Políticas en América Latina: Análisis en Perspectiva Multinivel” (Facultad de Ciencias Sociales, UBA, http://www.coalicionesgicp.com.ar) y el Observatorio de Redes (http://ar.bastiondigital.com/observatorio-de-redes/nace-el-observatorio-de-redes). Ha publicado y presentado diversos trabajos en congresos académicos nacionales e internacionales sobre las coaliciones electorales y de gobierno, los partidos políticos, las reglas electorales, las instituciones de gobierno y los mecanismos de financiamiento partidario. Edita regularmente el blog El Leviatán a Sueldo.



[1] El criterio de construcción programático y el de recursos públicos no son necesariamente contradictorios u opuestos. De hecho, generalmente las coaliciones combinan ambas estrategias. El argumento sí reconoce que algunos modelos tienden a privilegiar uno sobre el otro.
[2] No se toman en cuenta los cambios de gabinetes en cada una de esas presidencias por motivos de espacio.
[3] Los casos de Collor de Mello 1990 y Rousseff son los outliers: el primero por tener el grado de coalescencia más bajo al iniciar su mandato (0.39) y la segunda por la alta cantidad de socios incluidos en el gabinete cuando asumió su segundo período (10 en total).
[4] “Jefe de bancada de DC Fuad Cháin sentencia: ‘La Nueva Mayoría se acabó’”, Diario El Dínamo, 3 de junio de 2016. Disponible en http://www.eldinamo.cl/nacional/2016/06/03/fuad-chahin-la-nueva-mayoria-se-acabo-dc. “Patricio Melero: ‘La Nueva Mayoría es un proyecto político que llegó a su fin’”, CNN Chile, 4 de junio de 2016. Disponible en http://www.cnnchile.com/noticia/2016/06/04/patricio-melero-la-nueva-mayoria-es-un-proyecto-politico-que-llego-a-su-fin.