01 junio 2010

Oposición de opuestos pero sin posición

Pasó el Bicentenario. Pasaron los festejos. Pasaron las elecciones en Gran Bretaña, en otros países de Europa, y hasta en Colombia. Pasó la elección del primer Secretario de la UNASUR. Pasaron muchas cosas, todas susceptibles de ser analizadas y debatidas.


Pero la cotidianeidad de la política argentina se mantuvo. Seamos sinceros: no hubo muchos sobresaltos en las últimas semanas. Más allá de alguna que otra declaración escandalosa, o las agresiones físicas o verbales de siempre (una, dos y tres), los tiempos políticos actuales son de parálisis y de falta de iniciativas legislativas.


No esperábamos este panorama tan próximo a las elecciones legislativas de mitad de mandato, celebradas en junio del pasado. La mayoría de los argentinos considerábamos que era necesario un cambio de rumbo. Brindamos así una oportunidad a una oposición política que supuestamente había escuchado el mensaje ciudadano y se disponía a transformar demandas aisladas en acciones concretas. Esa oposición sería la encargada de poner frenos al oficialismo kirchnerista. Tomar la iniciativa y reactivar el Congreso Nacional.


Poco de eso pasó. Más allá de algún que otro poroto anotado, la oposición se encuentra actualmente en estado de parálisis (como los tiempos políticos). Los últimos meses ha perdido la iniciativa política, dejando en manos del Gobierno Nacional la adopción de medidas importantes.


Ocurrió el año pasado con la asignación universal por hijo (bandera opositora en las elecciones). Pasó este año con el debate por el impuesto al cheque, siendo el kirchnerismo el encargado de plantear la necesidad de su eliminación, en lugar de coparticiparlo (bandera opositora). Los primeriaron.


¿Causas? Algunas. Ya habíamos dicho hace unos meses que la existencia de no “una”, sino “muchas”, oposiciones planteaba dificultades serias para construir una agenda legislativa conjunta sólida y así poder cumplir el mandato electoral de junio. Todavía esperamos esa agenda.


Ejemplos de esta falta de acuerdos. Mientras que desde sectores como la UCR, PRO, PS y Peronismo Federal (o Disidente, como más les guste) acordaban pagar la deuda externa con reservas del BCRA, el bloque liderado por “Pino” Solanas condicionaba su apoyo a la creación de una comisión que investigara la legalidad y legitimidad de la misma. Tampoco hay hoy en día acuerdo sobre la reforma del Consejo de la Magistratura (bandera de toda la oposición) ni lo hubo en su momento sobre la conformación de la Comisión de Trámite Legislativo.


También hay cierta tendencia a acelerar los tiempos electorales. Muchos pensamos que recien para el cierre de este año legislativo las diferencias entre los partidos políticos iban a aumentar, producto del ingreso en un año de elección presidencial. Pero las peleas se están llevando a cabo ahora. Y no sólo por diferencias ideológicas o programáticas.


Carrió no se sienta a hablar con el cobismo. Alfonsín se pelea en las internas contra la ortodoxia radical apoyada por Cobos. Binner quiere ser candidatos de todos, pero sólo a Presidente. Los radicales pueden acordar con el Peronismo Federal, pero éstos últimos no quieren con los primeros. Macri quiere ser peronista, pero no lo dejan.


De Narváez se peleó con Macri y con Solá (los tres quieren el sillón), pero puede acordar con Reutemann. Éste, a su vez, no se decide y apenas opina del tema. Por ende, todos quedan esperando a que hable. Duhalde, por su parte, lo volvió a correr y parece que rompió otra vez con él.


Cada uno prefiere mantener el espacio de poder logrado, consolidar su política territorialmente y lanzarse desde su lugar hacia la Presidencia. En lugar, claro, de construir alternativas de gobierno sólidas, programáticas y en conjunto. Siempre la falta de consenso y acuerdo está presente. Es endémica a esta política.


Presión del periodismo mediante, pareciera que este año legislativo lo han tirado por la borda. En lugar de concentrarse en construir la deseada agenda legislativa que los colocara en el centro de la escena política, se han abocado a profundizar las diferencias personales y pensar únicamente en 2011. A partir de ahora, cada paso dado por cada partido político, candidato o bloque legislativo tendrá en la mira el año próximo, ponderando el posible apoyo ciudadano que ello les depare.


No se cuántas veces se ha dicho que Juan Linz tiene razón: que el presidencialismo es una máquina institucional de generar candidatos en lugar de fomentar e impulsar acuerdos. A veces me parece que tiene razón. Otras, espero que esté equivocado.


Todo por los votos. Como hace unos meses.

3 comentarios:

  1. CLARO, lo qeu pasa que cuando esto o decías en mayo del año pasado, claramente estabas para el loquero, lamentablemente la propaganda televisa desde varios flancos ayudo a enmascarar toadas las malas intenciones.

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  2. El análisis es correctísimo. Pero.. sabés que es lo esencial que se ha omitido?? Un proyecto Nacional. Alguien que ponga sobre la mesa una idea fuerza donde emerja qué queremos para nuestra Nación de aquí a 50 años.

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  3. Todos son un asco; Pino, Kirchner, Solá, Duhalde, Macro, Scioli, Carrió, Cobos, Alfonsín junior, Moyano (postulado???), De las Nieves...
    Pero a alguno habrá que votar, parece.
    Insisto: todos mienten, todos un asco, cero ideas. Pero quizás, el menos peor sea Alfonsín. Con retomar ciertas banderas del padre, vamos bien.

    PD: Aguante el parlamentarismo ;)

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